Los valores indígenas de Nicaragua

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Los valores indígenas de Nicaragua





Hoy es el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que fue proclamado en 1994 por la Asamblea General de la ONU para conmemorar el establecimiento, ese mismo año, del Decenio de los Pueblos Indígenas, que termina precisamente hoy, 9 de agosto del 2004.

Es lamentable que el Gobierno de Nicaragua no haya preparado ninguna celebración, aunque fuera simbólica, en homenaje a nuestras raíces indígenas, ya que fue muy poco o prácticamente nada lo que se hizo durante estos diez años para honrar el Decenio de los Pueblos Indígenas.

En realidad, sólo los gobiernos y la población de las regiones autónomas del Atlántico nicaragüense son las que han venido celebrando este día, y cabe destacar al respecto que en esta ocasión se está llevando a cabo en la ciudad de Bilwi o Puerto Cabezas, un Festival Binacional del Pueblo Miskito, que comenzó el sábado anterior y culmina hoy en la noche. Y es binacional dicho festival, porque participan en el mismo alrededor de 170 miskitos del lado norte del río Wangki o Coco, es decir personas de esa etnia que viven en el territorio de la vecina República de Honduras.

Como es sabido, las raíces indígenas de Nicaragua se remontan a la época prehispánica y prebritánica y, según los historiadores, antropólogos y etnógrafos, fueron diversas y fecundas. Lamentablemente, al igual que le ocurrió a muchas culturas ancestrales de las zonas colonizadas del planeta, la de Nicaragua fue casi aniquilada por la conquista y colonización española que se prolongó durante trescientos años, desde principios del siglo 16 hasta comienzos del 19.

Nuestros antepasados indígenas, se dice en la publicación oficial electrónica de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, pertenecieron “a las familias lingüísticas del Norte de América (hokan-siux, oto-mangue y uto-azteca), constó de varios pueblos: maribios o sutiavas, mangues o chorotegas, y nahuas o nicaraguas (llamados también niquiranos). Asentados en llanuras cercanas a los lagos y volcanes, dichas culturas se organizaban en pueblos o villas agrarias bajo gobiernos teocráticos encabezados por menexicos (consejos de güegües o viejos) o por teytes (o caciques). Afines totalmente a los pueblos superiores de México, mantenían un activo comercio de trueque o intercambio con los pueblos vecinos”.

Pero la información oficial, que es relativamente abundante en lo que se refiere a la historia y cultura de los pueblos indígenas que habitaron —y sus descendientes todavía habitan— en las regiones del Pacífico y central de Nicaragua, es muy pobre en relación con las etnias y culturas indígenas del Atlántico Norte y Sur del país. Sin embargo y paradójicamente, las etnias del Atlántico son las que mejor han podido sobrevivir a las vicisitudes del tiempo y de la historia, al grado de que sólo ellas tienen un estatus institucional de autonomía y una legislación específica para su protección, lo mismo que la posibilidad de constituir y practicar sus propias formas de autogobierno, aunque hay que lamentar que también han sido contaminadas con los vicios de la politiquería y la corrupción que afectan a todo el país en términos generales.

En el mensaje que envió a los pueblos y gobiernos de todos los países que son miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU), con motivo de celebrarse hoy el Día Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo, su Secretario General, Kofi Annan, señala que “durante demasiado tiempo los pueblos indígenas han sido despojados de sus tierras, sus culturas menospreciadas o directamente atacadas, sus lenguas y sus costumbres relegadas a un segundo plano, su sabiduría y sus conocimientos tradicionales ignorados o explotados y sus métodos de desarrollo duradero de los recursos naturales no se han tenido en cuenta. Incluso algunos de ellos están amenazados de extinción”.

En el caso de Nicaragua hay que reconocer que no obstante los logros alcanzados en el sentido de consagrar constitucionalmente la naturaleza multiétnica de la Nación y la autonomía de los pueblos indígenas del Atlántico, queda mucho por hacer y se podría avanzar más si los gobernantes tuvieran un poco de buena voluntad política.

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