Julio Ignacio Cardoze
La comprensión de la liberación de Byron Jerez, es asunto para filósofos de la categoría de Sócrates, Platón o Aristóteles. Por un lado un juez de Nicaragua absuelve y libra de culpa y de cárcel a Byron Jerez. Es decir, es inocente. Nunca ha cometido delito alguno. Por otro lado, la justicia americana le comprueba delitos y le incautan propiedad que compró con dinero de origen oscuro y que cae en la categoría de lavado de dinero. Por lo tanto es culpable de un delito, pero inocente de otro. Entonces: ¿en que quedamos? ¿es inocente o culpable?
La única conclusión es que vivimos una ficción. Nicaragua no es país, no existe, Byron es un espejismo convertido en pesadilla, la corrupción y la justicia son un invento. En conclusión: todos estamos locos y necesitamos unos cuantos electrochoques para dejar de soñar pesadillas y hablar tantas tonterías.