Ricardo A. De León Borge*
Roman, Times, serif»>
La democracia en el Hemisferio
Ricardo A. De León Borge*
La insatisfacción con los sistemas democráticos de la mayoría de países de Latinoamérica, que se comenzaron a implementar a partir de los años noventa, es generalizada en los habitantes de este lado del mundo y han quedado plasmados en un estudio del PNUD, aunque esta descomposición del pensamiento ya era algo conocida.
El 28 de septiembre del 2003 se publicó en este mismo Diario un artículo en el que se exponía que: “Por eso es válido decir que la democracia latinoamericana se encuentra ante un mayor descontento y desencanto entre sus ciudadanos”.
El estudio del PNUD confirmó que los gobiernos democráticos han sido incapaces de dar forma y continuidad a la democracia como el medio para que el desarrollo económico y social sea verdadero e incluyente para toda la sociedad.
Lamentablemente las instituciones no se han adaptado a las leyes y normas que rigen un Estado y que son las generadoras de la buena andanza de una nación. Más bien se ha limitado a realizar elecciones libres como acto de legitimación.
La corrupción pública y privada es uno de los máximos flagelos latinoamericanos. En el “Índice de Percepción de Corrupción”, los países latinoamericanos y caribeños figuraron entre los 50 más corruptos entre las 133 naciones analizadas, según Transparencia Internacional. Dicho sea de paso, la mayoría de ONG no han mostrado eficacia ni eficiencia en la satisfacción de las demandas de la población. Incluso, en ocasiones se han vinculado con la ideologización o como servidoras de ciertos intereses políticos y económicos. Estos males no han podido ser erradicados, aunque hay que reconocer que ciertos gobiernos han dado pasos adelante en dirección de aniquilar la corrupción pública, como es el caso de Nicaragua.
Asimismo, los partidos políticos no han modernizado sus estructuras ni han repensado sus ideologías para hacer frente a los nuevos y complejos problemas que padecen las sociedades. De esto depende mucho el buen funcionamiento del Estado y la agenda del Gobierno para buscar soluciones y mantener cierta credibilidad política, algo que para muchas personas ya no es importante y que más bien es un obstáculo para el crecimiento y desarrollo de las naciones, debido a esta falta de interés de la clase política.
El informe del PNUD muestra que en Nicaragua el descontento con la actuación de los partidos políticos es uno de los más altos lo cual puede promover el abstencionismo. Esto debe servir a los partidos para hacer una reingeniería de sus estatutos y líneas de pensamientos y de acción. Claro que esto no es algo normal. Por ejemplo, en las recientes elecciones de El Salvador y Panamá un gran número de personas ejerció su derecho al sufragio universal, dando a entender que todavía tienen confianza en el aparato estatal.
* El autor es licenciado en Relaciones Internacionales