Baja calificación a los dos años y medio

Guillermo Areas C.*

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Baja calificación a los dos años y medio


Guillermo Areas C.*




Me llamó mucho la atención el resultado de la encuesta de la Consultora Mitofsky, que fue dado a conocer en junio de este año. Dicha encuesta tenía como fin conocer el porcentaje de aprobación o aceptación de las gestiones de los presidentes de América en sus respectivos países.

Al Presidente de Nicaragua, ingeniero Enrique Bolaños, la encuesta lo coloca, a mayo del 2004, con un porcentaje de aprobación de sólo 22 por ciento. O sea que don Enrique clasifica como el antepenúltimo de la lista, siendo así uno de los tres presidentes con menor aceptación.

No se pueden negar los desvelos y el interés genuino del ingeniero Bolaños por sacar a este país adelante. A pesar de la mediatización política de la lucha contra la corrupción, la forma de hacer uso de los bienes del Estado nunca volverá a ser la misma. Siempre habrá funcionarios corruptos, pero su número será menor. El país se mira progresar, se han creado empleos, se está invirtiendo, aún cuando sea a gotas, pero es una gota constante. Las finanzas del país se han ordenado, se ha reducido la deuda externa, la imagen internacional de país ha mejorado, etc. ¿Qué sucede entonces? ¿Por qué hay tan pobre aprobación u opinión acerca de la gestión gubernamental del presidente Enrique Bolaños?

Me tomé la molestia de entrevistarme con más de 400 personas de todos los ámbitos sociales: empresarios, clase media, obreros, campesinos y éstas son las respuestas que encontré:

La percepción de las clases menos favorecidas es que don Enrique no ha cumplido lo prometido, ni tampoco perciben que lo vaya a hacer. Que las políticas económicas tienden a favorecer a los ricos y no a los pobres. Que no hay la creación de empleos prometidos. Que es un gobierno con muy poca sensibilidad social. Que los ricos son más ricos cada día y el número de pobres aumenta.

Pasando a lo que se puede llamar clase media, ésta tiene la impresión de que el señor Presidente es demasiado protagonista pero de muy poca acción, una persona que cree que todo lo puede resolver él solo y un Gobierno que se ha caracterizado por un estancamiento económico en el cual las oportunidades laborales para la clase media no se cristalizan, ni aún en la administración gubernamental, la cual está reservada para los sobrinos, primos, hermanos y parientes de los políticos en el poder. También cree este sector, igual que las clases más pudientes, que el señor Presidente enfrenta serias dificultades para gobernar el país, pues opinan que le hace falta experiencia en negociaciones y transacciones políticas.

Una materia grave identificada a nivel de profesionales, comerciantes e industriales grandes y pequeños, es la apreciación que del Gabinete de gobierno se tiene. Con muy pocas excepciones dentro del mismo, se piensa que no es el equipo soñado que se le ofreció al pueblo y que más bien ha demostrado ser un equipo que comete muchos errores, nunca se le sanciona por hacer declaraciones sin sentido, por cometer errores presupuestarios, administrativos, políticos o por nunca tomar decisiones.

El nicaragüense piensa que es un Gabinete que no ha podido mejorar la calidad del desempeño gubernamental y muestra una gran incapacidad para entender los problemas del país y con muy poca coordinación. De manera general se piensa que la participación del señor Presidente y su Gabinete debe ser más eficiente, así como su relación con el Legislativo, la cual también tiene que ser más clara.

Personalmente opino que el señor Presidente de la República ha dado lo más y lo mejor de sí en aras de cambiar este país, pero estamos ante un sistema que admite muy pocos cambios y diseñado con muchos controles, desconfianza e intereses personales, lo cual deja muy poco margen de actuación.

Tenemos que enfrentar una realidad y un sistema político cuya naturaleza limita los poderes reales del Presidente. Hay que reestructurar el Gabinete y llevar a cabo la reforma inmediata del Poder Ejecutivo para que sea más efectivo, más dinámico y decida qué tipo de relaciones quiere con el Legislativo. Hay que aceptar lo bueno del pasado, no todo se puede cambiar ni hacerse distinto.

Sólo el tiempo podrá decir si don Enrique, a pesar de la baja aceptación que le otorga el pueblo el día de hoy a su gobierno, va por el camino correcto o no. La solución de Nicaragua no es a corto plazo y eso el pueblo no lo ha comprendido. Yo pienso que cuando la historia lo juzgue será considerado un buen Presidente.

* El autor es Abogado y Notario Público

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