Educación

Danielle Argüello Sediles El escritor húngaro Robert Zend dijo en una ocasión: “Siendo filósofo, tengo un problema para cada solución”. Lo anterior vale a propósito del artículo Democracia y filosofía en la nueva educación, publicado en LA PRENSA del viernes recién pasado, en el que el señor Juan Bosco Cuadra nos presenta un esfuerzo reducido […]

Danielle Argüello Sediles

El escritor húngaro Robert Zend dijo en una ocasión: “Siendo filósofo, tengo un problema para cada solución”. Lo anterior vale a propósito del artículo Democracia y filosofía en la nueva educación, publicado en LA PRENSA del viernes recién pasado, en el que el señor Juan Bosco Cuadra nos presenta un esfuerzo reducido del Ministerio de Educación, que pretende ser la panacea para solucionar la compleja problemática de la educación nicaragüense.

Si revisamos las noticias publicadas en los medios de comunicación en los últimos dos años, haciendo a un lado las inauguraciones, declaraciones y demás demagogias, encontraremos un panorama escalofriante.

Investigaciones serias acusan un elevado índice de consumo de alcohol de parte de estudiantes, gran parte en horas de clase. Ligado a lo anterior, observamos las agresiones sexuales sufridas por estudiantes de parte de compañeros de estudios y, peor aún, de sus propios docentes, en cifras alarmantes.

Los traficantes de drogas han convertido a los centros de estudio en mercados cautivos. Anualmente fallecen muchos niños y jóvenes en paseos que, a pesar de estar prohibidos por el MECD, realizan las escuelas para recaudar fondos. La pobreza extrema en grandes zonas rurales reduce la asistencia de los niños a la escuela, dado que ya no se brinda el vaso de leche que ayudaba a paliar el hambre. Y peor aún, ahora resulta que el Banco Mundial no encuentra un mecanismo para entregarle los fondos al MECD. Esto equivale a que Bill Gates no encontrara la forma de comercializar el Windows XP en Rusia.

El año pasado el propio MECD difundió los resultados de pruebas estandarizadas practicadas en las escuelas primarias del país y los resultados, aún después de maquillados eran desastrosos. Cuando escuchamos las declaraciones de los docentes en sus protestas, encontramos personas desmotivadas, con problemas personales que sobrepasan su vocación. Con estos elementos, la consideración del señor Cuadra de transformar la educación “para el poder” en una “educación para poder” plantea un reto más dramático y es “poder educar”. Es por lo tanto esencial que el Ministerio de Educación solucione la problemática básica en el sistema educativo y posteriormente introducir la filosofía como un complemento necesario en la formación del individuo. De lo contrario, encontraremos en el mejor de los casos, jóvenes saliendo del bachillerato afirmando: “Yo sólo sé que no sé nada”.

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