- Los negocios de los migrantes ya comenzaron en Nicaragua. Antes que el gobierno de Managua dicte medidas especiales para atraer el capital de los nicaragüenses
en el exterior y levantar la economía del país con nuevas empresas, éstos han empezado a comprar tierras, criar ganado, cultivar café y hacer otras transacciones que les permitan algún día volver a su patria. Eso sí, poco a poco, porque la desconfianza persiste y algunos han sufrido la amargura de que les invadan sus propiedades
Douglas Carcache
LOS ÁNGELES, CALIFORNIA.- Vestido con un traje de lino blanco, José Cabrales llegó a la ciudad de Los Ángeles la noche del 24 de septiembre de 1959 con la ilusión de estudiar y volver a Nicaragua, pero 45 años después aún permanece en esa ciudad californiana al frente de un restaurante que pronto abrirá una sucursal más grande en Pasadena.
Ahora, mientras organiza la expansión de su negocio en Estados Unidos, Cabrales también prepara su retiro a Nicaragua, para más tardar en tres años, porque pretende descansar allí y hacer nuevos negocios. “No quiero dejar mis huesos en este país, es demasiado frío”, bromea.
Hace rato que promueve negocios en Nicaragua, de forma indirecta, porque cada mes importa del país centroamericano cacao, pitahaya y otros productos necesarios en “El Gallo Pinto”, su restaurante en Los Ángeles, donde sirve comida autóctona nicaragüense desde 1995.
Se graduó en Administración de Empresas y trabajó por décadas en bienes raíces. Cuando explica por qué fundó el restaurante, Cabrales enfatiza: “Nunca estuve satisfecho con la comida nicaragüense en Los Ángeles”. Así justifica su esmero en servir platos apegados a la tradición nica, celoso de que a sus recetas no les ocurra lo que a ciertas de México. “La comida mexicana la han arruinado, la han americanizado”, asegura.
Vende 60 galones de refresco de cacao cada semana, en promedio. “Los gringos se vuelven locos con el cacao y la comida… A veces creo que me llamo cacao, porque la gente sólo me dice ¡cacao!”, cuenta Cabrales.
Es domingo y al mediodía el restaurante, con menos de 20 mesas, está lleno. La mayoría de los comensales son nicaragüenses que viven en Los Ángeles o alrededores. Durante la semana los que más visitan el lugar son estadounidenses, europeos, asiáticos y latinoamericanos, dicen los empleados.
“Tengo el mejor cacao del mundo — se ufana Cabrales—. Es legítimo, tostado, molido y hecho en Nicaragua. La pitahaya también es legítima, comprada a la empresa Frutas de la Meseta, traigo la pulpa pura sin preservativos”.
ACOSTUMBRADOS A LA DEMOCRACIA
Las metas económicas de los nicaragüenses en California parecen estar muy ligadas a Nicaragua. Se quejan de la inseguridad política de este país centroamericano, pero aspiran a realizar negocios en él, a desarrollar los que ya empezaron o a retirarse algún día con un buen ahorro.
“Es un hecho”, afirma Marta Abea. “Muchos de mis amigos y familiares tienen interés o ya están invirtiendo en Nicaragua”. Marta es sicóloga y trabaja en una organización no lucrativa que da servicios a mujeres que han sufrido abusos. Su hermano, Norman, es médico y ha comenzado a vender equipos a clínicas de Nicaragua.
Aunque se encontró con trabas- —explica Marta—, “no puede abrir una cuenta de banco… ¿Entonces? ¿Cómo le paga esa persona a la que está vendiendo el equipo?… La gente se las tiene que ingeniar para hacer los negocios”.
Marta, quien salió de Nicaragua en 1984 cuando tenía 26 años de edad, piensa que los migrantes nicaragüenses podrían continuar sus empresas en Estados Unidos sin necesidad de ir a invertir a Nicaragua, pero lo hacen por “amor a su tierra”.
“Conozco a varias personas que han comprado fincas en Nicaragua, que igual podrían comprarse una casa en la playa acá —dice convencida—. No tienen por qué hacerlo como un beneficio propio; comprarse una casa aquí en la montaña les puede salir menos complicado”.
Los nicaragüenses en el exterior han mejorado su economía y también su percepción de la política. Marta Abea lo explica, según su experiencia: “El mayor problema que vemos en Nicaragua es el caudillismo, sobre todo cuando ya te acostumbraste a 25 años de democracia… Ese caudillismo es tan antiguo para nosotros que ya no lo asimilamos”.
GANADO EN BOACO
Otros nicaragüenses que residen en Los Ángeles están trasladando capital a su tierra natal, porque piensan pasar allí la última etapa de su vida. Es el caso de Ernesto Genie y su esposa María José Espinoza. “Siempre pensamos en el retiro —dice él—, en que el día de mañana podamos regresar a nuestra patria”.
Ernesto es originario de la ciudad de Masaya, y María José nació en Boaco, una zona productora de leche y quesos. Decidieron que lo mejor era invertir sus ahorros en una finca ganadera en Nicaragua, donde ya reúnen cerca de 500 animales con cruces de razas puras que les administran sus familiares.
“Hicimos la inversión hace tres años y ya tenemos un 40 por ciento más de lo que hemos invertido”, asegura Ernesto, quien trabaja en una compañía de bienes raíces en California. “Resolvimos, pues, que el dinerito que teníamos lo íbamos a invertir en eso, en ganadería”, cuenta María José. La primera partida fue de 150 mil dólares.
Para ambos fue difícil tomar la decisión. “No sólo porque sea tu país vas a llegar a invertir —opina él—. Nicaragua tiene que darnos confianza”. Ella recuerda que “al venir (a Estados Unidos) no tuvimos ninguna ayuda, de nadie, hemos trabajado por muchos años”.
El interés por ayudar a sus padres influyó mucho para que compraran la finca y el ganado en Nicaragua. “Da miedo invertir —reconoce Ernesto—. Si Nicaragua fuera un país más seguro, habría más inversiones”.
DE WASPAM A LOS ÁNGELES
Dieciséis años después de vivir en Los Ángeles, Edgard Chow, ha logrado afianzar su economía en Estados Unidos y su negocio en Nicaragua, donde creó, con socios locales, la clínica médica naturista Nutrilife que ha dado trabajo a 15 nicaragüenses y promete crecer.
Chow es un miskito de Waspam, Río Coco, que en Nicaragua estudió ingeniería forestal y trabajó en el Instituto de Recursos Naturales (Irena) hasta 1988, cuando decidió emigrar a Estados Unidos. En Los Ángeles comenzó de cero, trabajó en ventas y estudió hasta graduarse de doctor en naturopatía.
La clínica y farmacia Nutrilife comenzó en la ciudad de Masaya, recién abrió una sucursal en Managua y pronto se extenderá a Estelí, lo que está obligando a Chow a viajar con frecuencia a Nicaragua, a veces cada dos meses.
Cree que “la economía de Nicaragua, su futuro, está en el inversionista nicaragüense que vive en el exterior”. Piensa un poco, hace cálculos. “Imaginate que llegáramos cien mil nicaragüenses a invertir y cada uno empleara a diez personas… Estás hablando de un millón de empleos. El futuro del país no está en el extranjero, sino en el inversionista nica, porque además el capital queda adentro”.
Chow sólo tiene una exigencia para su país de origen: “Queremos invertir con más tranquilidad, que las leyes nos protejan, que tengamos todos nuestros derechos como nicaragüenses”.
COMENZÓ CON 80 DÓLARES
En 1987 Guillermo Callejas llegó a Tijuana, la frontera de México con Estados Unidos, con sólo 80 dólares en la bolsa. Los agentes de Migración estadounidenses lo devolvieron y al siguiente día cruzó indocumentado. Diecisiete años después es un exitoso corredor de seguros en California y ha comprado en Nicaragua tierras cultivadas con café y casas en áreas urbanas.
En Los Ángeles, donde vive, comenzamos hablando de las estrategias de desarrollo del Gobierno de Nicaragua. “Si no hay estabilidad política —me interrumpe— no importa que haya planes de desarrollo”. Cuenta su experiencia. Tiene una finca de café en Matagalpa, donde trabajan de forma permanente al menos 30 personas, pero esas tierras han sido invadidas cinco veces.
“La incertidumbre de Nicaragua es consecuencia de la política —dice Callejas—. Ahora sólo confiamos en nosotros mismos y en los trabajadores nuestros, con la esperanza de que las cosas van a mejorar”.
Antes de emigrar hacia Estados Unidos, Callejas trabajó con el gobierno sandinista durante cuatro años, parte de ese tiempo administrando la empresa pesquera Promar Blue en Corn Island. Se fue cuando se percató que le estaban cerrando las puertas a los profesionales que mostraban criterios políticos independientes. Los sandinistas “no exigían eficiencia administrativa, sino sumisión política”.
Mira a Nicaragua desde largo y cree que si no fuera por patriotismo los nicaragüenses en el exterior no estuvieran invirtiendo. “El nica es un inversionista patriótico, su primera inversión son las remesas, más de 800 millones de dólares (anuales); lo hacemos por afán de ayudar a los familiares”, comenta.
Callejas calcula que en seis años su familia ha invertido más de medio millón de dólares, no sólo en café. Han comprado terrenos y casas.
Entre los nicaragüenses en California se oyen comentarios de que comprar tierras en Nicaragua puede ser mal negocio. ¿Por qué lo hacen algunos? “Habemos quienes confiamos en el país —explica Callejas—. Otros quisieran invertir, pero las noticias que vienen sobre la situación política disminuyen el interés de invertir”
EL ALTRUISMO QUE POCOS VEN
Camilo Castro ve entre los empresarios nicas de California a unos agresivos y a otros conservadores, pero cada quien aportando a su manera a la economía de Nicaragua. “Algunos sólo viajamos como turistas y estamos invirtiendo, porque vamos a Montelimar y a otros sitios donde gastamos —argumenta—. Las remesas familiares son una inversión directa”.
Es contador graduado en una universidad de California y se dedica a preparar reportes de impuestos para clientes diversos, desde individuos hasta corporaciones. También ocupa parte de su tiempo para ayudar a los niños que trabajan en la calle en Nicaragua, a través del organismo Abandoned Children in Nicaragua Foundation, Inc., creado por él y otros nicaragüenses en Los Ángeles.
El 19 de octubre del 2003 inauguraron en Sabana Grande, Nicaragua, el Centro de Protección al Niño Carmen Castro Padilla, una construcción que les costó cien mil dólares, en la que trabajaron más de cien obreros y ahora da refugio a 42 niños que llegan a estudiar y reciben alimentos.
El centro lleva el nombre de Carmen Castro Padilla, en memoria de la hermana de Camilo, quien fue asesinada por un delincuente que asaltó las oficinas de la fundación en Los Ángeles, hace dos años.
Hay una inversión altruista que casi nadie mira en Nicaragua, comenta Camilo. El programa de la fundación está creando empleo de forma indirecta en Nicaragua, porque “promovemos el movimiento de mercancías, el consumo, al comprar juguetes, comida y otros productos en el mercado local”. De California sólo llevan dinero para adquirir los productos de los comerciantes nicaragüenses en Managua. Igual dan trabajo permanente a miembros de 15 familias de Sabana Grande.
Camilo emigró de Nicaragua hace 25 años y guarda la esperanza de que algún día volverá para quedarse. Por eso ha hecho algunas inversiones personales, adquiriendo terrenos con la idea de construir viviendas. “Tenemos cierto recelo a invertir de una manera entregada —explica—. Vamos sigilosos, comenzamos comprando un terreno pequeño, una casa pequeña, poquito a poco, para ver cómo se desarrolla la política y la economía”.
Su desconfianza tiene razones. La fundación por los niños abandonados adquirió algunas tierras en Managua y fueron invadidas por familias precaristas. “Aún no las hemos podido recuperar, aunque tenemos dos juicios ganados a nuestro favor… La corrupción existe en los poderes del Estado y mientras eso no cambie, no podemos entregarnos a Nicaragua; vamos probando terreno”.
EMPRESARIOS DE LA RED
Tito Lagos se cansó de ir a reuniones sindicales hasta cuatro veces a la semana para que le dieran una orden y comprar leche, en otra una azúcar y luego la del hielo. Era el año 1981 y su negocio en Masaya, una fábrica artesanal de helados, iba en picada por el racionamiento que había impuesto el gobierno sandinista.
Por otro lado él pertenecía a un grupo de oración carismático que empezó a sufrir la represión del nuevo régimen contra los religiosos. Por eso en 1982 decidió partir con su esposa, Enriqueta Gutiérrez, hacia Los Ángeles, donde hoy son propietarios de una empresa “on line” y él preside la Cámara de Comercio Nicaragüense Americana de California (Caconaca)
Su primer trabajo en Estados Unidos fue en la empresa de seguros The Bankers Life, cobrando pólizas. Doce meses después le dieron el reconocimiento de “novato del año” y en 1994, al cabo de una década, se estableció como vendedor de pólizas con mil 200 clientes.
Lagos es ahora un empresario de la red y con su socio, Allan Ortegaray, acaba de abrir el portal Hecho en Nicaragua para que los importadores estadounidenses y de otras partes del mundo pueden acceder, por ese medio, a los productos que el país centroamericanos ofrezca al exterior, sobre todo cuando empiece a funcionar el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (Cafta)
Ellos son los propietarios de Web Enterprises, un dominio en Internet del que depende el portal Mundo Latino y ahora Hecho en Nicaragua. Por sus páginas electrónicas circula la publicidad de cientos de negocios y hasta información de los principales partidos políticos de Estados Unidos, el Demócrata y el Republicano, dirigida al público hispano.
Esta empresa “on line” la crearon en 1996 “cuando la gente aquí no sabía si el Internet era ungüento o comida”, recuerda Ortegaray. Su próximo paso será trabajar con los exportadores de Nicaragua para que sus productos sean más conocidos en los mercados internacionales.
Las expectativas de negocios con el Cafta son grandes, afirma Lagos, porque California es un mercado con más de 11 millones de hispanos y sólo en el condado de Los Ángeles hay más de 4.3 millones, que preferirían consumir productos de sus países de origen, lo que ahora se conoce como el “mercado nostálgico”.
TRIUNFA CON INDIO VIEJO
Aunque José Cabrales esté pensando en hacer maletas, rumbo a Nicaragua, su propósito es que el restaurante “El Gallo Pinto” siga con la misma calidad y creciendo, en manos de sus descendientes. En los próximos meses abrirá el segundo restaurante en Pasadena, una de las ciudades cosmopolitas de Estados Unidos, donde hay restaurantes con comidas de todo el mundo.
“Sé que el mío va a ser un éxito (en Pasadena), allí hay gente pudiente que gusta de probar cosas nuevas”, dice, optimista. En su negocio de Los Ángeles, el plato preferido por los clientes no nicaragüenses es el “indio viejo”.
“En Nicaragua voy a comenzar a invertir ahorita —afirma este hombre que ya vive su sexta década—. Voy a hacer mi casa, a tratar de vivir tranquilo y posiblemente me meta en algún negocio. Ya tengo las personas capacitadas para que gerencien los restaurantes cuando me vaya”.
COMPITIENDO
La Cámara de Comercio Nicaragüense Americana de California (Caconaca), fundada hace diez años, tiene 140 socios, de los cuales 90 participan en la mayoría de actividades. “Hay empresas de nicaragüenses bien establecidas, millonarias; el capital nica, de negociantes, empresarios, está bien establecido”, asegura Camilo Castro, tesorero de Caconaca.
Estos nicaragüenses están metidos en los negocios de seguros, salud, vigilancia de edificios, recaudación de impuestos, restaurantes y transporte de muebles, entre otros.
En Los Ángeles la población inmigrante más grande es la mexicana, en segundo lugar está la salvadoreña y en tercer lugar la nicaragüense.
Caconaca, que tiene alianzas con otras cámaras de comercio de California, organiza cada año la Feria Agostina Internacional y celebra la fiesta religiosa de Santo Domingo de Guzmán, el Santo que arrastra miles de fieles en romería el primero de agosto en Managua.
Camilo Castro ha sido durante tres años el mayordomo de las fiestas agostinas en Los Ángeles, California.
En California viven más de 400 mil nicaragüenses, 120 mil nacidos en Nicaragua y unos 300 mil nacidos en California, de segunda y tercera generación, estima Castro.
MIL POR AÑO
Un migrante nicaragüense en Estados Unidos invierte en su país de origen un promedio de cinco mil dólares en cinco años, afirma Manuel Orozco, un especialista de la Universidad de Georgetown, quien lleva algunos años estudiando estos fenómenos sociales. Uno de cada cinco nicaragüenses viaja al menos una vez al año a su tierra de origen.