Amor con amor se paga

Eduardo Enríquez

En los últimos días la prensa nacional ha reaccionado con asombro a la posición que ha tomado el Gobierno en casos que tienen que ver con las relaciones internacionales de Nicaragua.

Estos casos son, la votación de Nicaragua a favor de levantar la prohibición de la caza de ballenas ante la Comisión Ballenera Internacional (CBI); la votación a favor del fallo de La Haya contra el muro que Israel construye en Cisjordania; y la destrucción de 666 misiles SAM- 7 que eran una preocupación obsesiva de Estados Unidos.

En Nicaragua muchas veces tomamos una actitud emocional que no tiene nada que ver con la realidad que mueve las relaciones internacionales y que ningún país puede obviar, y es que el pragmatismo y el interés nacional es lo que en realidad rige las relaciones internacionales.

Es cierto que sería bonito que pudiéramos defender a las ballenas y que nadie las tocara, que pudiéramos decidir por nosotros mismos qué armas tener y cuáles destruir, pero la realidad es otra.

La realidad es que Japón representa un promedio de 45 millones de dólares en ayuda en los últimos siete años y que se está negociando el financiamiento para construir 200 escuelas en todo el país.

Esa ayuda bien podría ir a Mauritania, Surinam, Ghana, Benin, Islas Salomón, o Tuvalu, países que también apoyaron a Japón.

El interés nacional de Nicaragua indica que tenemos que votar por la iniciativa ballenera de Japón y otros países, porque eso nos va a garantizar ayuda que ni todas las ballenas del mundo nos van a dar.

El caso del muro es particular porque no es algo en lo que estaría en contra mucha gente, pero llama la atención que Nicaragua “se atreva” a votar en contra del muro, o sea contra Israel, y por ende contra Estado Unidos.

Pero de nuevo, el “atrevimiento” concuerda con nuestro interés nacional, pues el voto apoya una resolución de la Corte Internacional de La Haya. La Corte tiene en sus manos el caso de Nicaragua vs. Colombia, y un voto en contra perjudica nuestras posibilidades.

Y por último, el caso de los SAM-7, antiguos cohetes tierra-aire que no tienen ningún uso para Nicaragua. Si Estados Unidos quiere que los destruyamos, ¡perfecto! Sobre todo si a cambio nos van a dar ayuda para combatir el narcotráfico, que es interés de ellos pero nuestro también. Ya Nicaragua hizo su parte, ahora le toca a Estados Unidos, y a eso va mañana a Washington el general Javier Carrión.

El problema es que los gobiernos se han acostumbrado tanto a mentir que ni siquiera son sinceros cuando pueden serlo; se inventan historias cuando sólo basta decir que “amor con amor se paga”.

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