Julio C. Somarriba
Como balde de agua fría han caído en la población las declaraciones de representantes de organismos internacionales que desde hace años venían insistiendo en que era necesaria la creación de las empresas administradoras de fondos de pensiones.
Parece insólito que después de cinco años de supuestos estudios y capacitaciones y del pago de millonarias consultorías extranjeras y nacionales se vengan a dar cuenta que la aplicación de este tipo de empresas no es lo más viable a las realidades del país. Los principales culpables de este gran fiasco son los mismos organismos internacionales que insisten en aplicar recetas de carácter general para todos nuestros países olvidando que estos remedios no pueden suministrarse de idéntica manera a los pacientes.
El Gobierno también tiene su parte de culpa, pues los encargados que se eligieron para el proyecto fue por favoritismo político y no necesariamente por tener la calidad y preparación académica requerida. Otros responsables de esta pifia son nuestros representantes ante la Asamblea Nacional, que ni siquiera tienen idea de las implicaciones o consecuencias que pueden tener las leyes que aprueban. La gran mayoría por falta de capacidad, otros porque su principal preocupación es velar porque se repartan las cuotas de poder partidario de acuerdo a lo pactado.
Ojalá que esto sirva de experiencia y se apruebe una reforma al sistema de Seguridad Social que verdaderamente beneficie a todos aquéllos que por años hemos aportado nuestra contribución al sistema y no solamente para que unas pocas compañías se lucren de un jugoso negocio. De igual manera debe exigirse el pago a todos aquellos morosos que tengan cuentas pendientes con la institución, pues las empresas públicas o privadas que no enteran sus cuotas cometen un delito y deben ser sancionadas.