- Álvaro Uribe busca desmovilizar a 20,000 combatientes
Alexander MartínezBOGOTA/AFP
El gobierno colombiano mantiene el proceso de paz con los paramilitares aferrado al incumplido compromiso de esos grupos de cesar el fuego, mientras combate con rigor y hace la misma exigencia a las guerrillas para dialogar, en una estrategia que lo está dejando con las manos vacías.
Esta situación quedó en evidencia tras la visita el miércoles al Congreso del máximo líder paramilitar, Salvatore Mancuso, y de otros dos jefes de la extrema derecha, duramente criticada por Estados Unidos —que se declaró extrañado—, y por sectores políticos que la tildaron de inútil e innecesaria.
En efecto, las intervenciones de Mancuso, Ernesto Báez y Ramón Isaza, carecieron de propuestas para avanzar en las negociaciones, iniciadas el pasado primero de julio, y que el gobierno reconoció el miércoles afrontan una grave crisis de credibilidad.
Cuando se esperaba un anuncio importante para apaciguar las críticas, los jefes paramilitares hicieron nuevas exigencias y justificaron las violaciones al cese de hostilidades.