Friné

Luis Sánchez Sancho

Friné, de quien una amiga me pidió que escribiera, no es una figura mitológica sino histórica, pero la leyenda la convirtió en un mito.

Friné fue una cortesana griega que vivió en el siglo IV antes de Cristo y era tan hermosa como Afrodita, la diosa de la belleza y el amor. Por eso fue que Friné modeló para que el gran escultor Praxísteles esculpiera su inmortal escultura Afrodita de Cnido, que se exhibe ahora en el Museo de Munich, así como para que Feneso pintara su no menos famoso cuadro, Afrodita Anadiomena.

(Afrodita era hija de Zeus y de Dione, pero según Hesíodo nació de entre las espumas del mar en donde cayó un poco de semen de Zeus. Afrodita dispensaba el rocío del amanecer, protegía la vegetación florida y despertaba cada año a la Primavera, cuando su amado Adonis, muerto prematuramente, regresaba a la Tierra temporalmente gracias a un permiso especial de Plutón, dios del mundo de los muertos)

Friné aprovechaba sus irresistibles encantos para acostarse con los más ricos personajes de Grecia y por eso acumuló una inmensa fortuna. Sin embargo, por haber posado para la figura de Afrodita fue acusada de impiedad y juzgada en el Heliasterio, un tribunal que estaba integrado por varios centenares de jueces.

Este tribunal funcionaba a cielo abierto porque los jueces no querían estar bajo el mismo techo con los acusados, que en muchas ocasiones eran terribles criminales. Los jueces se sentaban en bancas de madera, sobre cojines o tapetes; los defensores ocupaban una tribuna desde la cual hacían sus alegatos; las demás personas que desempeñaban algún papel en los juicios se ubicaban en un espacio especialmente designado; y luego, a una distancia no menor de 15 metros, se reunía el público vigilado por fornidos esclavos encargados de que nadie se acercara a los jueces.

La defensa de Friné corrió a cargo de Hipérides, a la sazón el más elocuente orador de Grecia, quien argumentó que ella había modelado para la estatua y la pintura de Afrodita porque era tan bella como una diosa, y no se podía condenar a una divinidad viviente. Hipérides pidió a los jueces que lo comprobaran con sus propios ojos, mirando el cuerpo desnudo de la acusada. Accedieron los heliastras a la singular propuesta y Friné se quitó sus vestiduras dejando al descubierto sus exquisitas y esplendorosas formas femeninas. Entonces, deslumbrados los jueces ante tanta hermosura humana, la absolvieron al instante.

Pero además de bellísima Friné era también muy generosa. Ella costeó la reconstrucción de la ciudad de Tebas que fue destruida por Alejandro. Y después de que Praxísteles —quien era su amante— concluyó la célebre figura marmórea de Afrodita, Friné se la quitó para obsequiarla a su ciudad natal, Cnido, razón por la cual la escultura lleva el nombre de Afrodita de Cnido.

Friné simboliza a la mujer que gracias a su hermosura es perdonada de cualquier culpa que pudiera tener, y desde entonces su figura ha sido el canon de la belleza física femenina.

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