José Antonio Poveda Salvatierra
Roman, Times, serif»>Opinión Económica
La nueva perspectiva del crédito bancario en el agro
José Antonio Poveda Salvatierra
Existe un amplio campo por desarrollar en cuanto a eficiencia y oportunidad del crédito en la medida en que, más que con cada productor o unidad aislada, se trabaje con las organizaciones de productores orientadas a crear uniones de crédito, microempresas, microfinancieras, cooperativas de servicio y producción, etc. Su funcionamiento debe facilitar la administración y recuperación del crédito, así como mejorar la información sobre los usuarios. Al reducir el riesgo, todo ello permitirá ampliar la disponibilidad y reducir el costo de los recursos canalizables al sector.
Lograr que la banca y el sistema financiero general canalicen mayores recursos al campo requiere avanzar en diversos aspectos vinculados al proceso financiero: las garantías, la supervisión y el control de los créditos, la informática para evaluar el riesgo, y la recuperación de los créditos.
En general, el crédito agrícola tiene que hacerse más competitivo que el destinado a otros sectores, lo que supone mejorar su rentabilidad. Desde luego, no pueden ignorarse las especificidades que han hecho del sector agropecuario el más complicado para operaciones bancarias, ya que posee una serie de características propias de orden ecológico y socioeconómico que acentúan la incertidumbre y por lo tanto el riesgo. De ahí que el crédito por proyectos integrados sea una alternativa superior.
Para aprovechar cabalmente las nuevas posibilidades organizativas y financieras, es imprescindible mejorar la capacidad gerencial de los grupos, asegurarse de que su base legal sea adecuada y establecer un sistema de información y seguimiento que permita verificar y evaluar su desarrollo como productores, y sujetos de crédito.
Con todo, el principal reto financiero consiste en movilizar nuevos y crecientes fondos que apoyen la transformación del campo. Ello exige financiamiento a largo plazo, tanto para inversiones en infraestructura y equipamiento como para el desarrollo de los recursos humanos y la conservación de naturales.
Alguna de las prioridades son la rehabilitación, de la infraestructura o el mejoramiento de su uso, la pequeña irrigación y el apoyo a los sistemas de comercialización, incluyendo el almacenamiento. La inversión agrícola también atrae inversiones privadas (nacional y extranjera); en este sentido, lo más importante es superar resabios ideológicos o problemas políticos.
La posibilidad de atraer inversión extranjera al campo está en la lógica del TLC. Esto no sólo implica facilitar el flujo de bienes y servicios, sino que propiciará —y requerirá— un flujo más libre de inversiones en diversos sectores a fin de aprovechar al máximo su potencialidad. El sector agropecuario puede y debe ser uno de ellos.
El logro de estos propósitos exige que los productores entiendan que el común denominador de los cambios por realizar un mundo dominado por la internacionalización de los mercados es que la organización productiva debe responder a una concepción empresarial. Esto al margen de que por ese medio se pretenda alcanzar otros objetivos de los propiamente empresariales; y también al margen del tamaño y la estructura de las empresas, que desde luego requieren ser viables como primera condición de existencia.
Un requisito básico es la capacitación y la profesionalización de los administradores como gerentes capaces de manejar riesgos y oportunidades en un entorno de apertura y competencia creciente. Además de los ajustes en las estructuras de producción y comercialización, cada vez cobrará mayor importancia la administración de los recursos humanos y financieros, así como la modernización del manejo de la información contable y del contexto en que opera la empresa.
En el marco de ese proceso cabe esperar que, en general, el enfoque tradicional del crédito agrícola se resuelva por el funcionamiento ampliado y más libre del mercado, respetando nuestras particularidades nacionales, y a todos los productores en cualquier nivel que se encuentre, indistintamente de lo que se siembre en las regiones del país.
Sin embargo, es evidente que para la transformación estructural del agro se requieren créditos de fomento que aumente las oportunidades de los productores débiles o rezagados de incorporarse con un mínimo de equidad al nuevo sector agropecuario: más abierto a la competencia económica mundial y por ello más obligados a seguir las pautas de eficiencia que el mercado determina. Se trata de elevar la competitividad global del sector.
Entre los incentivos o mecanismos que se requieren para ayudar al sector agropecuario, tanto a nivel nacional como internacional, se pueden mencionar los siguientes:
— Facilidad de adquirir insumos fundamentales como, fertilizantes, semillas, maquinarias y todo lo necesario que requiere todo un círculo agrícola completo.
— Relaciones precio-costo favorables; es decir, reducir —con un mínimo de incertidumbre— el riesgo de los precios, sobre todo en período de aumento de la producción.
— Definición de las condiciones de la tenencia de tierra. Todo esto proporciona al inversionista nacional y extranjero, el margen de seguridad de la toma de decisiones; y entraña que la renta de la tierra, los impuestos y las deudas no superen los límites que el agricultor considera aceptable desde el punto de vista de su esfuerzo, costo y demás riesgos.
— Protección contra el riesgo que significa adoptar nuevas tecnologías, que con frecuencia no se han ensayado en la zona y por tanto no son bien comprendidas. Esto supone la necesidad de efectuar ensayos y de fincas con algún tipo de infraestructuras necesarias, para implementar estos planes.
— Facilidades de mercado para los productos agrícolas, incluyendo una red de carreteras que conecte las fincas con los mercados locales, sitios de acopio, clasificación de empaque y distribución de los productos.
— Integración de las metas nacionales en escala regional o local, de acuerdo a los potenciales de producción de los diversos tipos de empresas agropecuarias.
La modernización de la agricultura en un entorno de sostenibilidad y apertura económica afecta en forma directa a las empresas agropecuarias, ya que implica toda una reconversión tecnológica y requerimiento de calidad.
La modernización debe insertarse en un marco de condiciones políticas que garanticen la estabilidad de las instituciones; y eliminen los obstáculos a las operaciones comerciales ágiles. Los gerentes de empresas agropecuarias establecen diversos tipos de alianzas con la agroindustria, grupos financieros, instituciones que controlan las redes de almacenamiento, exportadores y centros nacionales y extranjeros que disponen de tecnologías modernas.
Otro factor determinante lo constituyen las relaciones de las economías nicaragüense con el mercado latinoamericano y mundial. La tendencia dominante es la internacionalización de esas economías mediante su creciente integración al circuito de la globalización e intercambio internacional.
El autor es vicedecano de la Facultad de Derecho. UNAN-León Catedrático de Derecho Bancario