Sandra Tijerino
En Nicaragua contamos con un alto potencial forestal, el cual se puede convertir en una posibilidad de mejorar la economía nacional en el corto y mediano plazo. Su enorme potencial para el desarrollo consiste en alrededor de 3.2 millones de hectáreas de bosques latifoliados y coníferas, el país cuenta con 8.8 millones de hectáreas con potencial para el desarrollo de actividades forestales (plantaciones). Aunque la participación del sector forestal en las cuentas nacionales es de apenas un cuatro por ciento, es reconocida su importancia como generador de otros beneficios.
El consumo de productos forestales se calcula cerca de 5.7 millones de metros cúbicos de madera para la producción de energía, mientras que la madera aserrada en alrededor de los 210 mil metros cúbicos. Por otro lado, se estima que la demanda interna de madera aserrada es de aproximadamente 70,000 mil metros cúbicos, mientras que la producción alcanza cifras un poco mayor siendo aproximadamente de 150 mil metros cúbicos de madera en rollo. Se requieren dos metros cúbicos de madera en rollo para producir un metro de madera aserrada.
En cuanto a plantaciones forestales, a la fecha se han logrado establecer cerca de 58 mil hectáreas. El área de bosques naturales bajo manejo apenas llega a las 350,000 hectáreas (un poco más del uno por ciento del potencial existente). La industria de primera transformación en Nicaragua es de 76 aserríos, mientras que la industria de segunda transformación es de aproximadamente 3,033 pequeñas y medianas empresas.
La tasa de deforestación oscila alrededor de las 70,000 hectáreas por año, existiendo un estrecho vínculo entre el crecimiento agrícola-ganadero (frontera agrícola) y el deterioro de los bosques.
¿Qué es lo novedoso de la Ley Forestal?
Desde agosto del pasado año, el sector forestal cuenta con un marco jurídico nuevo, el cual perfila grandes posibilidades de desarrollo para el país y para el sector mismo.
La nueva Ley Forestal es un instrumento adecuado para lograr los objetivos que la política forestal expresa, por ejemplo:
1. Modernización del Sistema de Administración Forestal. Este aspecto es abordado a través de la consolidación de la Comisión Nacional Forestal, al posibilitar la participación de múltiples actores clave en esta instancia, defiendo de forma clara cuáles son las funciones y competencias del Instituto Nacional Forestal como entidad estatal reguladora del sector, crea las Comisiones Departamentales Forestales como instancias territoriales de apoyo, crea la figura de los Regentes Forestales, a fin de fortalecer técnicamente el manejo forestal y los auditores forestales, con el objetivo de transparentar la evaluación de las actividades productivas. Asimismo plantea la descentralización de la regulación y control forestal a través del establecimiento de convenios con los gobiernos locales.
2. Creación del Fondo de Desarrollo Forestal. Este es un mecanismo financiero para fomentar actividades forestales.
3. Determina Incentivos Fiscales con el objetivo de promover el incremento de la cobertura forestal, mejorar tecnológicamente la industria de segunda y tercera transformación y evitar el cambio de uso de los suelos, dispone de incentivos que se concretan en exoneraciones de impuestos municipales (Impuesto Municipal de Ingresos, Impuesto de Bienes Inmuebles) y fiscales (Impuesto sobre la Renta y de Internación).
4. Soporte jurídico para realizar proyectos de fijación de carbono y los que se derivan de los servicios ambientales. Abre la posibilidad de negocios a través de los mecanismos de desarrollo limpio, como es el establecimiento de plantaciones forestales para la fijación de carbono y sus consecuentes servicios ambientales.
Con todo lo anterior, la Ley Forestal realmente puede ser un verdadero instrumento que mejore las oportunidades de desarrollo del sector y una buena base para que el recurso natural sea un verdadero aporte al crecimiento económico de Nicaragua.
Con todo y el marco legal que tenemos, aún hay grandes tareas por hacer:
— Fortalecer la institucionalidad pública del sector.
— Establecer las reglas del juego claras a fin de que las inversiones forestales que son de largo plazo tengan estabilidad.
— Mejorar el conocimiento en el plano gubernamental de las bondades y oportunidades que tiene el sector.
— Crear procedimientos y mecanismos de regulación y control que obedezcan a un fino análisis de fomento en el manejo forestal a fin de motivar la legalidad.
— Mejorar el conocimiento de la participación que tiene el sector en la economía nacional del sector (las cifras oficiales invisibilizan la participación que tiene el recurso en la economía).
Éstas son entre otras cosas algunas reflexiones interesantes que se pudieran realizar en el sector forestal y que deben llevarse a un plano más político para orientar las voluntades gubernamentales a tomarlo en serio.
La autora es ex directora del Inafor