Claudia María Porras Cornejo
La biodiversidad es la diversidad de toda la naturaleza. Incluye la diversidad de procesos físicos, químicos y ecológicos en el medio ambiente, los habitats, ecosistemas, las especies y su material genético.
En la Costa Caribe nicaragüense hay una amplia variedad de ecosistemas que en su mayoría han sido utilizados indiscriminadamente. Hay mosaicos de lagunas, pantanos, esteros, humedales, cayos e islotes, manglares; al igual que un extenso territorio de bosques y, por supuesto, recursos mineros.
Las dos regiones autónomas se caracterizan por ciertos elementos predominantes. En el caso de la RAAN se destacan los recursos forestales y mineros, en la RAAS la pesca y toda la diversidad de peces y demás animales marinos que se substraen de las aguas del caribe.
Según el Centro de Investigación para el Desarrollo de la Costa Atlántica (CIDCA?, sólo en el bosque húmedo que rodea la ciudad de Bluefields se han identificado más de 250 especies de árboles, 155 especies de aves y 60 especies de mariposas. Las dos regiones autónomas, junto con el departamento de Río San Juan, forman la mayor área natural y poco alterada de Centroamérica (Bradford, David Ecología y medio ambiente en la Costa Caribe, 2002).
La variedad de recursos llama la atención de empresas y personas que no utilizan el principio de desarrollo humano sostenible, que llama al manejo de los recursos sin llegar a la explotación, respetando el proceso biológico de los recursos naturales. Muchas de estas zonas se encuentran amenazadas por diferentes situaciones, principalmente el desconocimiento de las personas sobre lo valioso de estas áreas y especies, y la importancia de preservarlas, además de la sobre utilización con fines comerciales.
La deforestación durante las últimas décadas ha reducido la cobertura boscosa del país de una manera alarmante. De 7 millones de hectáreas de bosque que existían en 1950, en la actualidad quedan sólo 4.3 millones de hectáreas. (www.puebloindio.org). El Marena promueve la protección de la biodiversidad a través del Proyecto Corredor Biológico del Atlántico, cuyo fin es promover el desarrollo de la región en un contexto de sostenibilidad que mejore el estándar de vida de las comunidades del Atlántico.
Es de suma relevancia tomar conciencia de la importancia de la biodiversidad en nuestras vidas. Si la seguimos dañando nos hacemos daño también a nosotros mismos. La preservación del medio ambiente, ecosistemas, habitats y todas las especies animales y vegetales, determinará la posibilidad de tener una vida sana y estabilidad con todo lo que nos rodea.
Los municipios, por ser los espacios más cercanos a los ciudadanos, deben interesarse por la situación de los recursos naturales y la biodiversidad, elaborando leyes que protejan éstas áreas privilegiadas y exóticas de nuestro país.
Un ejemplo es el proyecto que realiza la Asociación de Municipios de la Costa Atlántica de Nicaragua (Amuracan), que en conjunto con el organismo no gubernamental Popolna, impulsa una propuesta para el manejo descentralizado de la gestión ambiental, suministro y comercialización del agua potable domiciliar y energía eléctrica.
La autora es funcionaria de Relaciones Públicas de AMURACAN