- Entregan tajona y “banda oficial” de mayordomo al vicepresidente José Rizo y comienzan más de 10 días de fiesta
- Nada que rozar en la “roza del camino” y paganismo se apodera de las festividades de Managua
José Adán Silva
Una tajona, una banda sobre el pecho, cohetes y pólvora estruendosa, y Managua entró oficialmente ayer a una fiesta patronal de diez días.
El vicepresidente de la República, José Rizo, coronado mayordomo de las fiestas patronales de Santo Domingo por el cardenal Miguel Obando y Bravo, recibió del padre Leonel Baltodano, cura párroco de la Iglesia de Las Sierritas, los símbolos folclóricos que dan por inauguradas estas fiestas que todos los años convulsionan la ciudad capital.
En un pequeño y tumultuoso acto oficial realizado en la Cruz del Paraíso, el padre Baltodano, cura párroco de la Iglesia de Las Sierritas, hogar de la estatuilla de Santo Domingo, bendijo las fiestas, entregó a Rizo la tajona y le impuso una banda sobre el pecho, que lo acredita como mayordomo de las festividades.
VICEPRESIDENTE BAILARÍN
Rizo, quien desde las siete de la mañana inició la tradicional “roza del camino”, caminó, cargó la imagen del Santo y hasta bailó al son de chicheros desde el Gancho de Caminos del Mercado Oriental hasta la Iglesia de Las Sierritas. Cuando le entregaron la tajona, Rizo agradeció el gesto y acto seguido bajó al tumulto a bailar con las candidatas a reina de las fiestas.
Alrededor del mayordomo, en un frenesí de sudor, insinuaciones sexuales y alcohol, grupos de pandilleros, homosexuales y otra suerte de vagos y borrachines, bailaban y brincaban al mismo ritmo que lo hacía un José Rizo excesivamente sudoroso.
A esa hora, las doce del mediodía, ya muchos de los seguidores del patrono católico de Managua habían rendido sus conciencias al dios Baco y yacían tirados en los recodos de la vías asfaltadas que mataron, desde hace unos años, aquella antigua tradición de rozar el camino por donde bajaba la imagen de Las Sierritas a Managua.
“Ahora ya no hay nada que rozar, si todo está asfaltado”, dijo el locutor de las actividades que, en una simbiosis extraña, combinan paganismo con fe religiosa. La actividad se llamaba la roza del camino porque hace muchos años éste era un camino rural, en el que crecían matorrales. Entonces los creyentes, machete en mano, se daban a la tarea de limpiar el camino para dejarle lista la “bajada” al santo.
CULTO DE LA LECHE
Ahora nadie roza nada y la tradición se ha convertido en una pequeña peregrinación de paganismo y fe, donde los gritos de “leche, la leche”, palabra con que han bautizado al licor embolsado, se escuchan más que los vivas a Santo Domingo.
Una vez que Rizo terminó sus danzas y emprendió la marcha a la Iglesia, la imagen del “mocito”, una réplica de la de Santo Domingo que sirve como “delegado oficial” para actos como éste, fue subida en hombros de los cargadores que, al ritmo de la banda filarmónica, la llevaron a la Iglesia entre zangoloteos hacia adelante, hacia atrás, de lado y nuevamente adelante.
La pólvora estallaba fuerte arriba y un toro bravo soltado entre la muchedumbre, con un jinete ebrio encima, salió espantado y espantando con sus astas a los pocos creyentes y borrachines que se quedaron rezagados en la peregrinación festiva más grande de Nicaragua.