Pablo Leal, León Jirón, Danilo Rappaccioli Lacayo, Alberto Rivas Vicente, René Bequillard Fernández, Desiderio “Yeyo” Jirón, sentado el niño René Bequillard Castillo.

Breve historia del hipismo

Roberto Sánchez Ramírez*/Especial para LA PRENSA En nuestro país siempre ha habido una gran afición por el caballo, esto llevó a que se volviese una tradición la celebración de las fiestas patronales con desfiles hípicos, lo que ha venido a convertirse en el principal atractivo. Existía antes la costumbre de acompañar a la procesión del […]

Roberto Sánchez Ramírez*/Especial para LA PRENSA

En nuestro país siempre ha habido una gran afición por el caballo, esto llevó a que se volviese una tradición la celebración de las fiestas patronales con desfiles hípicos, lo que ha venido a convertirse en el principal atractivo.

Existía antes la costumbre de acompañar a la procesión del santo patrono de algunas ciudades, a caballo, primero porque era más cómodo que a pie, y que alguna de estas procesiones recorren grandes distancias. De aquí nació la idea de las fiestas hípicas, que son los desfiles de caballos, en días diferentes al de la procesión.

La primera fiesta hípica o desfile se celebró en la ciudad de Jinotepe y fue organizada por Mario Lacayo Rappaccioli, Orlando Rodríguez (El Picudo) y José María Rodríguez (Chema Cuadrado), fue en el mes de julio de 1953.

Posteriormente en enero de 1954 se celebró la segunda fiesta hípica en Diriamba, saliendo de la Hacienda San Vicente en los alrededores de lo que fue el Instituto Pedagógico. De modo que en el departamento de Carazo nacieron las montadas hípicas, por eso a Carazo se le considera cuna del hípismo nacional.

EL AS DE ORO

A comienzo de los años 1950, lo que había en Nicaragua eran ejemplares criollos que los aficionados de entonces seleccionaban para montarlos y algunos caballos peruanos de paso, unos cuantos encastados que se habían traído de Costa Rica, entre éstos estaba el famoso “As de Oro” de Mario Lacayo Rappaccioli, a este caballo se le otorgó la primera copa como trofeo en un desfile hípico, junto con “Piropo”, fueron importados por don Reynaldo Lacayo Lacayo.

Los primeros caballos peruanos de paso que vinieron a Nicaragua eran en su mayoría pasitroteros. Debido a que en Perú se estaba formando la raza de caballo de paso peruano, aquellos caballos que no cumplían con el aire deseado, eran desechados consiguiéndose a precios muy favorables.

Como eran caballos de buen andar, mejores que los que aquí habían, además tenían buena elevación de manos, cosa que gustó mucho dentro de la afición centroamericana, fueron importados por ganaderos nicaragüenses que tenían visión de producir mejores caballos.

Al departamento de Carazo llegaron dos de estos caballos peruanos: uno que se llamó “Flor de Lima” que perteneció a don Horacio Rodríguez padre y el otro de nombre “Asombro” de don Jenaro García Rojas.

A “Flor de Lima” no se le conoció descendencia y si la tuvo no fueron muchos. “Asombro” sí tuvo muchas crías porque Jenaro García era criador, cuando “Asombro” tenía 9 años fue comprado por Octavio Lacayo Rappaccioli y siguió padreando hasta los 15 años.

Estos caballos peruanos al ser cruzados con las yeguas criollas produjeron lo que en ese tiempo se llamó el “encastado de paso” que después en la depuración de este cruzamiento vino a dar origen al “criollo centroamericano de silla”, adquiriendo su propio registro.

EL PRIMER CABALLO PURA RAZA ESPAÑOLA

En el año 1959 llega a Nicaragua el primer caballo pura raza española. Éste era un caballo tordo de nombre “Labrador” y lo trajo de España, Barney Chamorro Benard, gran aficionado al caballo y buen jinete. “Labrador” llegó primero a Costa Rica y fue entrenado donde Paco Ruiz, padre de Humberto Ruiz Hidalgo, uno de los mejores jinetes de Centroamérica.

Como los caballos españoles no se conocían en Nicaragua, “Labrador” fue una sensación, era más grande que los caballos que aquí había y además de ser un ejemplar de trote, tenía la facultad de ejecutar aires de escuela. La gente decía “caballo que baila”, expresión que todavía se escucha en la afición que va a los desfiles.

Después de “Labrador” llegaron más caballos españoles como “Mariscal” de René Bequillard Fernández que en realidad se llamaba “Oficial XIV”, pero René le cambió el nombre. “Mariscal” fue el padre de un magnífico caballo que se llamó “Júpiter” que perteneció a Sebastián “Chatán” Pinell Ríos, de Estelí.

Otros caballos españoles de ese tiempo eran “Valenciano” de Alejandro Carrión Montoya, “Gabardino” y “Decidido” de Rafael Cabrera Lacayo, “Lanceiro” de Barney Chamorro Benard, éste no era español sino que portugués, lo mismo que “Quiromántico” de Róger Blandón, “Noticiero II” de Adolfo “Popo” Chamorro Benard, “Majoleto” que fue primero de Henry Urcuyo Maliaños y después de Humberto Sandino Lacayo, “Señorito XXI” de Juan Rueda Rueda.

“Triunfador” y “Tirano” de Danilo Rappaccioli Lacayo, “Descarado IV” de Rodolfo Jerez, este caballo fue el padre de “Descarado V” y “Aldeano”, el primero, propiedad de Octavio Lacayo Rappaccioli, merece especial mención porque fue considerado por mucho tiempo como el mejor semental del país, llegando a producir varios hijos campeones como: “Avispa”, “Tirano”, “Piropo”, “Terciopelo” y “Giralda”.

LOS DOMADORES DE CABALLOS

Hay que mencionar a los domadores de caballos. Entre los más importantes estaban Carlos Jiménez, de Costa Rica y Ricardo Gutiérrez Castro. Carlos tuvo bastante contacto con domadores nacionales y enseñó nuevas técnicas, lo que vino de cierta manera a reafirmar la doma, sacándole más potencial al caballo.

Ricardo abrió una escuela en Diriamba para formación de jinetes y caballos. Entre los que allí aprendieron estaban Felipe Flores padre, ya fallecido, y Luis Rojas que después trabajó con Ismael Reyes Mejía. También los hijos de Ricardo: Ricardo y Benjamín Gutiérrez Alemán. Ricardo, junto con toda su familia hizo una histórica gira a caballo por varios departamentos a inicios de la década de 1970, sigue activo en Diriamba, luego de estar en Chinandega.

En la actualidad ha habido acceso a la formación de jinetes, inclusive se ha logrado por medio de César Augusto Lacayo que España abra las puertas a montados nicaragüenses que quieran aprender el arte de entrenar caballos. La competencia y evolución del caballo español requiere de una buena doma.

UNA FAMILIA DE CABALLISTAS

No se puede escribir una historia del hipismo, por breve que sea, sin dejar de mencionar a la familia que más se ha destacado en los desfiles hípicos. Se trata de Domingo “Mingo” Bolaños Geyer y su esposa, Anita Vega de Bolaños, quienes en su propiedad Santa Ana, en Los Altos de Masaya, crearon toda una tradición de caballistas que se extendió a sus hijos, yernos y nietos.

Pertenecen a esta familia de caballistas: José Domingo, Mariano, Mary, Cecilia, Mercedes, Eliza, Desirée, Óscar y René Bolaños Vega. Los yernos: Henry “El Pollo” Miranda y Ramón Vindell. Los nietos: Ana Cecilia, María Alejandra, Henry Miguel y María Heriette Miranda Bolaños; José Domingo y Amanda Bolaños Mendieta; Jeannette y Álvaro Vindell Bolaños; Mariano y David Bolaños Valle.

* Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.

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