Política y basura

Mario Ruiz Castillo*

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Política y basura


Mario Ruiz Castillo*




El título de este artículo pareciera incongruente y tendencioso, pero si existe alguna semejanza entre ambas palabras se debe exclusivamente a las personas que han militado en política y la población las ha catalogado e identificado no precisamente con la esperanza, el futuro promisorio y el bienestar común.

Sin embargo, el tema que quiero abordar no es el de esos comportamientos mezquinos y personalistas que caracterizan a esa clase de personas, sino de algo más real y dramático: la salud pública.

Cada vez que se celebra una manifestación, una concentración, una asamblea popular en las plazas y calles del país, al día siguiente le toca a la alcaldía respectiva limpiar la gran suciedad que dejaron los participantes; ésto, además de que es un atentado contra la salud en general e incubación de vectores dañinos, representa altos costos al erario municipal.

Si la Constitución Política de la Repñublica permite y establece como un derecho la reunión y manifestación pública, también le exige al Estado velar por la salud en general. Y cuando se permite un derecho, lamentablemente en la forma en que se practica se lesiona seriamente al otro. Por ello instituciones como las alcaldías, Ministerio de Salud y Ministerio del Ambiente deberían preocuparse y tomar sus acciones respectivas cuando se celebran estos actos públicos.

Debe quedar bien claro que no se trata de impedir un derecho constitucional, sino de normarlo. Así como se solicita a la Policía Nacional el permiso correspondiente por motivos de seguridad pública, los organizadores del evento deberían rendir una fianza respectiva por el compromiso de limpiar en el término de veinticuatro horas posteriores a la actividad, o pagar los egresos que ello implique. Así se cumpliría con el derecho a la reunión pública, pero también con el otro mandato, de proteger la salud pública.

Esta misma obligación de limpieza debería aplicarse a toda venta o negocio que genere basura, porque tiene que existir el compromiso de mantener limpio o revocarse la licencia concedida. La salud pública no sólo es el suministro de medicamentos y servicios médicos, sino que se inicia en la casa, en el barrio, evitando acumulación de basuras, la limpieza de calles y parques, eliminación de charcos, así como el acceso al agua y normas mínimas de higiene y aseo.

La responsabilidad sobre la eliminación de basura y limpieza no es exclusiva de las alcaldías, sino también de los pobladores del barrio, los distintos ministerios que deben estar atentos a luchar constante contra esos focos de infección, contra los malos olores que pudieran provocar enfermedades.

Como se puede ver, sí existe una relación entre la política y una concepción de orden, limpieza, y en particular con la basura que se acumula sin que nadie se responsabilice por ella, a pesar de que es una de las causantes de las enfermedades que afligen a la población.

* El autor es abogado

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