Los juegos educativos en el aula de clases son constantes para promover la participación y compañerismo de los niños.

Letras y ternura en escuelas rurales

La educación está llegando a las entrañas de las montañas. Gracias a un proyecto que impulsa el Ministerio de la Familia casi cien mil niños menores de seis años, de 65 comunidades pobres reciben atención sanitaria y educativa logrando avances significativos Roberto Pérez LOS ÁNGELES, NUEVA GUINEA, RAAS.- El pato Donald junto al ratón Mickey […]

  • La educación está llegando a las entrañas de las montañas. Gracias a un proyecto que impulsa el Ministerio de la Familia casi cien mil niños menores de seis años, de 65 comunidades pobres reciben atención sanitaria y educativa logrando avances significativos

Roberto Pérez

LOS ÁNGELES, NUEVA GUINEA, RAAS.- El pato Donald junto al ratón Mickey y el oso Pooh, más unas cartulinas mostrando unas desdibujadas flores de vivos colores instalados en el interior de la pequeña vivienda; no logran llamar la atención del pequeño Kilmer Pérez, de 11 meses, quien llora a grito partido dentro de una cuna de madera.

La causa del llanto es desconocida. El calor que reina en la comunidad de Los Ángeles, municipio de Nueva Guinea, a 308 kilómetros de Managua y hasta donde sólo se puede llegar en vehículos de doble tracción o camiones altos, porque el terreno se vuelve sinuoso en época de invierno; podría ser el origen. Sin embargo, para Karla Rugama, directora de la guardería infantil, esta hipótesis no es muy válida.

Aunque el techo es de zinc, la humilde vivienda tiene paredes y piso de madera que “amortiguan” las altas temperaturas. Además, posee dos amplias ventanas. “Tal vez quiere estar con su mamá”, dice la profesora. El llanto de Kilmer parece contagiar a Yoseling Centeno, una delgada niña, también de 11 meses, quien se encuentra en otra cuna.

En esta guardería ubicada en el “interior de la montaña”, lugar que fue escenario de cruentos combates entre el Ejército sandinista y los llamados “contras” durante los años ochenta; existen seis amplias cunas, todas de madera, donde a diario 17 niños menores de tres años descansan, juegan, reciben estimulación física-mental y también son alimentados.

EXPERTA

Mientras carga a Kilmer en brazos para calmar su llanto, la profesora Karla asegura que hay momentos en que todos se quejan “pero como tengo ocho hijos, sé como contentarlos”.

Esta delgada mujer, de 44 años, que usa gruesos anteojos y lleva su largo cabello color negro adornado por una moña; lleva seis meses al frente de este hogar el cual forma parte de los Centros Infantiles Comunitarios (Cicos), que el Ministerio de la Familia, a través del Programa de Atención a la Niñez Nicaragüense (Painin); tiene en 65 municipios pobres y en extrema pobreza de Nicaragua.

En total unas 1,497 comunidades, donde la pobreza y la vulnerabilidad infantil “reinan”, son las beneficiadas con este programa iniciado el año pasado. Un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que asciende a 25 millones de dólares, más las cooperaciones económicas de Noruega e Italia y una contrapartida nacional, mantienen vivo el programa que concluirá en el año 2005.

VELAN POR 4 CONDUCTAS

Los niños, hijos de padres dedicados a la agricultura y sus progenitoras a los trabajos del hogar, llegan a las 8:00 a.m. y salen a las 11:30 a.m, a veces a las 12:00 del mediodía. A diario reciben una merienda a base de leche o refrescos naturales acompañado con una pieza de pan. También reciben un almuerzo generalmente compuesto por arroz, frijoles, tallarines, pan o tortilla.

“Desarrollamos las cuatro conductas que son motora, de coordinación, social y lenguaje. Le hacemos ejercicios a los niños, hablamos con ellos, le hacemos terapia y vamos evaluando cómo responden a estos procesos. Si no los traen bañados los bañamos, si se ensucian también los cambiamos, tenemos jabones, toallas, bañeras, pañales y juguetes”, aseguró la profesora.

Si los pequeños se enferman pueden remitirlos al centro de salud de la comunidad o de Nueva Guinea. Varias sesiones de capacitación de parte del Ministerio de Salud han logrado que la maestra, junto a varias madres voluntarias, puedan determinar cuando los niños están o no en buenas condiciones sanitarias.

En la guardería sólo están autorizados para suministrar sueros orales, acetominofén y hierro. Mensualmente el peso de los niños es vigilado para verificar si están desarrollando de manera satisfactoria. El lenguaje y los movimientos motores también son objetos de vigilancia.

TAMBIEN PREESCOLAR

Los pequeños han disminuido un poco su llanto. Una fuerte “ráfaga” de risas y aplausos también de niños; se escucha en el interior de la vivienda. Provienen de un hermoso cuarto construido con bloques, malla ciclón y techo de zinc. Está ubicado en la parte norte de la guardería, a unos 200 metros.

A lo largo pareciera la capilla de alguna congregación religiosa. De entrada, en este cuarto de unos 12 por 8 metros cuadrados, unos niños sentados alrededor de una mesa conociendo los colores de un semáforo, aunque en la comunidad no exista uno y quizás tarden muchos años en ver uno de estos aparatos, deja al descubierto que no se imparten clases de religión ni se celebra un culto.

En total son 75 niños y niñas cuyas edades oscilan entre los 3 y los 6 años de edad presentes en el local. Por el lodo sobre sus botitas de hule y también de cuero, se puede concluir que la mayoría proviene de sectores alejados a la escuela. Divididos en tres grupos, igual número de profesoras, enseñan educación preescolar.

“Me invitaron a traerlo y ahora ya sabe hacer las letras, está más vivo, es buena la atención porque nos avisan cuando se enferma y también le dan de almorzar”, dice Lucía Reyes López, de 35 años, madre del niño Javier José López.

MEJOR ASIMILACIÓN

Entre risas y uno que otro pequeño que hace que su voz se escuche por todo el salón, Scarleth Mejía, de 25 años, una de las profesoras, comenta: “Los ponemos a cantar, pintar, hacer dibujos, letras, pero también evaluamos su desarrollo sanitario, sabemos cuando se enferman y entonces avisamos a sus padres”.

Este centro de educación preescolar también forma parte de los Centros Infantiles Comunitarios (Cicos). La idea es que todos los niños menores de seis años en condiciones vulnerables, entren al programa para cuando vayan a iniciar la educación primaria sus condiciones intelectuales, físicas y de salud, si no son las óptimas, por lo menos presenten una mejoría significativa.

“Cuando pasan del Cicos al primer grado no son tímidos, ya van familiarizados con la escuela, les gusta participar bastante, se integran con los demás niños, saben asimilar bien”, dice el profesor Oscar Báez, quien imparte clases de primaria en la escuela de Los Ángeles.

ATENDIDOS MÁS DE CUATRO MIL NIÑOS

El Programa de Atención Integral a la Niñez Nicaragüense (Painin), es un programa ejecutado por 19 organizaciones no gubernamentales y asociaciones de la Sociedad Civil contratados por el Ministerio de la Familia. En Nueva Guinea el organismo Alistar Nicaragua está al frente de 15 Cicos, más 29 casas bases (ofrecen los mismos servicios, pero una vez a la semana por lo disperso de la población).

Cuatro mil 424 niños menores de seis años pertenecientes a 128 comunidades son atendidos. Doce técnicos están a cargo de velar por los avances cada mes. Sin embargo, para cumplir con sus metas tienen que “sortear” difíciles escenarios según cuenta Francisco Miranda, 29 años, quien vigila el desarrollo de un poco más de 800 niños.

“Hay comunidades que tardamos hasta nueve horas para poder llegar, y esto lo hacemos a pie porque los caminos no nos permiten, pero la experiencia es más interesante cuando te dás cuenta que estás llegando a las profundidades y que eso lo reconocen los pobladores”, expresa el joven. Unas 80 promotores y 443 madres voluntarias apoyan el trabajo de los técnicos.

Según Napoleón Reyes, representante de Alistar Nicaragua para este año los Cicos de Nueva Guinea gastarán en pago de personal y atención de los niños aproximadamente un millón 200 mil dólares.

“Aunque no tengo los resultados de los últimos análisis podemos asegurar que los niveles de nutrición y desarrollo de los niños son favorables, lo vemos y la población lo reconoce, sino ya no estuviéramos aquí”, afirmó Reyes.

El Painin, por medio de los Cicos, también garantiza la atención de recién nacidos y mujeres embarazadas.

COBERTURA

Aproximadamente 83,023 niños y niñas menores de seis años, residentes en 65 municipios pobres y de extrema pobreza, son atendidos por el Programa de Atención Integral a la Niñez Nicaragüense (Painin), a través de los Centros Infantiles Comunitarios (Cicos).

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