Edwards: ¿el timonazo de Kerry?

Peter R. Bernal*

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Edwards: ¿el timonazo de Kerry?


Peter R. Bernal*




La selección del senador de Carolina del Norte, John Reid Edwards, como compañero de boleta del candidato presidencial demócrata John Forbes Kerry, no fue una gran sorpresa, ya que la mayoría de los demócratas (72 por ciento según algunas encuestas) lo preferían como candidato vicepresidencial. Aún así no fue fácil la designación porque, según James Johnson, quien encabezó la búsqueda, los demócratas tenían toda una batería de posibles vices: el representante Richard Gephardt, de Missouri, el senador Bob Graham, de la Florida, el ex general del ejército Wesley Clark y el gobernador de Iowa, Tom Vilsack, entre otros de prominencia nacional o regional.

¿Por qué fue seleccionado Edwards? Aparte de su popularidad, su actuación en las elecciones primarias, sobre todo entre el votante independiente, los jóvenes y las mujeres le dieron una energía poco vista a Edwards, que por primera vez aspiraba a la Presidencia. Su verbo fácil, su oratoria populista, su apariencia física, su condición de polemista y su juventud -tiene 51 años- le favorecieron mucho. Pero hay más. Su condición de sureño cambia la estrategia de los republicanos, pues tienen ahora que emplear recursos económicos y tiempo en una región que les respalda con sus votos electorales desde la era de Ronald Reagan. El senador Edwards puede obtener los 15 votos electorales (se necesitan 270 para ocupar la Casa Blanca) en su propio Estado, que desde Jimmy Carter en 1976 no lo ganan y penetrar en cinturones de sureños en el Medio Oeste. Muchos desconocen que gran parte de Ohio, Missouri y Virginia Occidental tienen una gran cantidad de este tipo de ciudadanos y fueron estados que ganó el presidente George W. Bush en el 2000 y representan 36 votos electorales, considerados hoy en todas las encuestas como indecisos y posibles “battleground states”, como se les dice.

Pero, ¿quién es realmente John Edwards? Nació en Seneca, Carolina del Sur, trasladándose después a Robins, una pequeña ciudad de Carolina del Norte, donde su padre trabajaba como obrero en la industria textil y su madre Bobbie administraba una pequeña mueblería y luego se desempeñó como empleada postal. No olvidemos de paso ciertos datos regionales. El presidente Andrew Jackson, nació en Carolina del Sur y el presidente James Knox Polk, el que anexó, en 1847, gran parte del territorio de México a EE.UU. (California, Nuevo México, Arizona, etc.) era de Carolina del Norte. Tremendo trasfondo histórico, pero en lo personal y familiar se aplican mejor las palabras de un afro-americano, Bobby Cavines, su compañero en el equipo de football en la secundaria, quien afirma que los padres de Edwards le enseñaron a éste a respetar a los humildes. Producto de una educación pública, obtuvo en la universidad estatal una licenciatura de tecnología textil, luego se graduó con un doctorado en derecho en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, donde conoció a su esposa Elizabeth y se casaron en 1977. En 1998 fue elegido senador federal.

Durante las primarias Edwards despertó la emoción de sus partidarios y, según algunos de ellos, su sentido de optimismo y su carácter efusivo eran como chispas. A veces su actitud optimista sorprende a sus asesores. Después de una gira por los Estados de Iowa y Nuevo México y de una intervención quirúrgica en uno de sus ojos, sus colegas de campaña lo encontraron fresco como una lechuga y lleno de entusiasmo, cuando en realidad ellos esperaban verle cansado y agobiado por tanta lucha. ¿Será esto síntoma de energía? ¿Es esto lo que buscaba Kerry de su compañero? Posiblemente muchas más, también importantes, entre ellas su capacidad de recaudar recursos económicos, voluntarios, el necesario balance religioso. El católico romano Kerry necesitaba un devoto metodista sureño para compensar el tema religioso. ¿Basta todo eso para hablar de un timonazo? Veamos.

No hay duda que el pueblo en su mayoría votará por el Presidente. Pero si es cierto, como indican todas las encuestas, que la elección en noviembre será muy cerrada en lo que a votos electorales se refiere (538 en juego) es posible que el segundo a bordo pueda ser la diferencia en algunos Estados claves. En un sondeo de reacción instantánea, de Gallup, preguntó a votantes inscritos cómo calificaban la decisión de llevar a Edwards en la dupleta presidencial. Un 64 por ciento respondió, excelente. Comparándola con una el 2000, el 53 por ciento y el 55 ciento dijo lo mismo de Joe Liberman y de Dick Cheney. Lo más interesante de este sondeo a mi entender son los factores positivos vs negativos: Edwards 54 por ciento vs 16 por ciento, Cheney 43 por ciento vs 44 por ciento. No podemos olvidar que estarán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes una tercera parte del Senado y alguno que otro sillón provincial o sea los gobernadores, que ya hemos analizado en el pasado. Pero sobre todo, si en el Sur y el Medio Oeste, donde unos escasos puntos porcentuales que el candidato vicepresidencial pueda mejorar la votación podrá ser la diferencia que hoy no reflejan exactamente los sondeos. El panorama y la estrategia después es otro.

El timonazo de Kerry fue en dirección al Sur, pero sobre todo para motivar a una gran masa de votantes jóvenes e indecisos a participar en el proceso electoral. Ahora bien, la gran pregunta puede ser ésta: ¿Cómo se compara el novato senador Edwards con el vicepresidente Cheney? Nadie duda de la experiencia, la capacidad demostrada en varios cargos públicos y privados del titular, y si a eso le añades sus años como congresista representando su Estado natal de Wyoming, es una gran ventaja. Por su parte, Edwards tendrá que demostrar su pericia, sus dones de litigante, orador, popularidad y carisma para contrapesar la sobria imagen de su oponente. No es fácil. Pero todas estas interrogantes se pueden definir en el gran evento del mes de octubre, que no es la Serie Mundial de Beisbol sino el impotente debate de los vices, cuando Edwards tendrá que enfrentarse cara a cara con el experimentado Cheney. Posiblemente éste será el “main event”, pues el intercambio de ideas entre ambos gladiadores, pueda ser tan o más interesante que el de los presidentes. Ojo con el vice. De lo contrario tendremos que esperar el 2 de noviembre. ¿Qué tal?

* El autor es analista internacional

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