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Ballenas y política exterior
La conexión entre política exterior de los Estados y ayuda internacional bilateral, es un viejo tema de discusión que está lejos de ser dilucidado. Así quedó comprobado en Nicaragua con el mini escándalo que causó en algunos medios la información de que la representación nicaragüense en la 56ª reunión (anual) de la Comisión Ballenera Internacional, celebrada esta semana en Italia, apoyó una propuesta del Japón de aumentar la pesca de ballena con propósitos de investigación.
Al respecto hasta se dijo que el Japón habría comprado el apoyo de Nicaragua y de los otros 25 países que votaron junto a la representación japonesa a favor del incremento de la caza ballenera, contra 30 que votaron por prorrogar 10 años más la prohibición de la pesca de dichos cetáceos.
En realidad, a pesar de que, desde la desaparición de la URSS y el bloque de países comunistas, se dice que el mundo es unipolar, la verdad es que, de hecho, existen diversos bloques de países que se unen de manera permanente o temporal en base a diversas razones e intereses, entre otros el de la cooperación externa bilateral.
Las relaciones internacionales y el funcionamiento de los organismos multilaterales se rigen por el principio de la igualdad jurídica entre los Estados soberanos (artículo 2, párrafo 1 de la Carta de la ONU). Pero en la práctica prevalece la regla no escrita del realismo político, o sea que los países se alínean de acuerdo con sus intereses, o mejor dicho según como los gobernantes interpretan las conveniencias de sus países.
Hay quienes consideran que la cooperación internacional bilateral se debe facilitar sin ninguna clase de condicionamientos directos ni indirectos, sólo por ayudar a los pueblos que lo necesitan. Pero esto es ingenuo. Incluso los organismos multilaterales, como el Banco Mundial, el BID, el Fondo Monetario Internacional y el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), ponen condiciones para participar en sus programas de cooperación —por ejemplo, determinadas políticas fiscales, acciones contra la corrupción, priorización de programas sociales, etc.—, y con mayor razón lo hacen los países que ayudan directamente a otros Estados.
De manera que si Nicaragua depende en gran medida de la cooperación externa bilateral, es lógico que en los organismos internacionales coincida con las posiciones e intereses de sus benefactores. Sin embargo, si en algún caso y por razones políticas, ideológicas, éticas y cualesquiera otras el gobierno de Nicaragua no está de acuerdo con el país que le ayuda, tampoco tiene obligación de apoyarlo y puede votar contra él, pero no debe esperar que le mantengan y mucho menos que le aumenten la ayuda bilateral.
Si el actual gobierno de Nicaragua fuera sandinista, seguro que en los organismos internacionales se alinearía con Cuba, con la Venezuela chavista y con la Libia de Kadaffi. Y sin duda que estaría condenando y votando sistemáticamente contra Estados Unidos, Japón, China Taiwán y otros países democráticos que, por su parte, tampoco ayudarían a Nicaragua como lo hacen ahora, o lo harían al mínimo.
Al respecto hay que señalar que en relación con la votación internacional sobre la pesca de ballena, hasta se ha criminalizado al Japón, pero se guarda cómplice silencio ante los crímenes del régimen comunista de Cuba, que fusila personas porque tratan de huir hacia Estados Unidos y condena hasta 30 años de prisión a periodistas que cometen el “delito” de querer ejercer su derecho a la libertad de información.
En todo caso, en principio es loable la preocupación por proteger la vida de las ballenas y de cualquier otra especie animal, sobre todo de las que están en peligro de extinción. Hace ya más de 400 años que Leonardo Da Vinci escribió su esperanza de que “llegará un día en que matar a un animal sea un crimen igualmente punible que matar a un ser humano. Ese día, la civilización habrá avanzado”.
Pero no deja de ser un contrasentido, por lo menos, rasgarse las vestiduras por la suerte de las ballenas mientras se mata y consume enormes cantidades de peces, langostas, camarones, pulpos, conchas y ostras; así como vacas, ovejas, pollos, etc. No cabe duda de que el ser humano es la especie más complicada de la naturaleza.