Heracles 6, la apoteosis

Luis Sánchez Sancho

Los antiguos griegos endiosaban a sus héroes mediante la apoteosis (glorificación de Dios), la misma ceremonia que los romanos llamaban consecratio: colocaban el cadáver de quien querían divinizar arriba de una hoguera funeraria de varios pisos, y soltaban un águila que llevaba el alma del endiosado hacia el Olimpo.

Heracles, al morir también tuvo su apoteosis. Él se casó con Deyanira, hija de Eneo —rey de Calidonia—, hermana de Meleagro y prima de la bella Helena. Heracles vivía en el palacio de Eneo y durante un banquete mató al copero real (Eunomo) de un puñetazo. De acuerdo con la ley, tuvo que abandonar la ciudad y se marchó a Traquis, en compañía de Deyanira.

Al llegar al río Eveno encontraron al centauro Neso, quien cruzaba a los viajantes a cambio de una paga. Mientras cruzaba a Deyanira quiso Neso violarla, pero Heracles le disparó una flecha y lo hirió mortalmente, pues los dardos del héroe estaban envenenados con la sangre de la Hidra de Lerna. Antes de morir, el centauro Neso le recomendó a Deyanira que guardara un poco de su sangre y que impregnara con ella una túnica de Heracles, para que cuando éste le fuera infiel lo cubriera con ella y así recuperaría su amor.

Después, Heracles, que era incansable también en el amor, se enamoró de la princesa Yole, hija de Eurito, rey de Ecalia. Y como Eurito no quiso entregársela, Heracles, al mando de un ejército de locrios, malios y arcadios atacó la ciudad y raptó a Yole, a quien hizo su mujer.

Eufórico por esta nueva conquista, Heracles decidió erigir un altar a Zeus en el cabo Ceneo y envió a su heraldo Licas a Traquis, donde se encontraba Deyanira, a fin de que ésta le enviara una túnica apropiada para la acción de gracias. Deyanira, quien ya estaba informada de que Heracles tenía a Yole como amante, envió a su marido una regia túnica impregnada con la sangre de Neso. Y así, cuando Heracles se cubrió con ella, sintió que su cuerpo se quemaba y al querer quitársela la piel y la carne se le desprendían a pedazos.

A pesar de su agonía Heracles se fue a Traquis para morir en brazos de Deyanira, quien, al darse cuenta de lo que había hecho, se suicidó atravesándose el corazón con una espada.

Por su parte, Heracles, después de pedir a su hijo Hilo que se casara con Yole, para protegerla, le ordenó que lo llevara a la cumbre del monte Eta y que le hiciera allí la pira funeraria.

Cuando el cuerpo de Heracles comenzó a quemarse el cielo estalló en truenos, la tierra se abrió y una densa nube envolvió la pira mientras la diosa Hera subía al héroe en cuerpo y alma hacia el cielo. Allí lo reconoció como hijo y, para que viviera eternamente entre los inmortales, lo casó con su hija Hebe, la diosa de la juventud que servía a los dioses las copas con el néctar de la eterna juventud.

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