Miopía versus soberbia presidencial

Alfonso Efraím Castellón Ayón [email protected]

Hace unos días el señor presidente Enrique Bolaños Geyer nos llamó “miopes” a los que escribimos en las páginas de Opinión del prestigioso Diario LA PRENSA.

Al respecto debo decir al señor Presidente que tan poco conocía de él en el año 2001, que con toda “miopía”, en estas mismas páginas escribí sobre su persona lo siguiente: “…don Enrique es de los hombres que sin alterarse, en forma pausada, suave y firme sabe llamar las cosas por su nombre. No tiene ambición por el poder.” (LA PRENSA, 19 de junio, 2001).

La contestación del entonces candidato presidencial fue inmediata: me dijo entre otras cosas: “…reitero mi agradecimiento más profundo, mi querido Alfonso, por tu brillante y magnifico artículo publicado en el Diario de los Nicaragüenses…”

Bien, mis amables y acuciosos lectores: ¿cómo puedo conjugar las palabras del entonces señor candidato hacia mi persona, con las vertidas por el ahora Presidente en su discurso de la referencia en el que nos llama “miopes” a los que escribimos artículos de opinión tratando de hacer conciencia ante los lectores, al expresarnos sobre temas que son del dominio público? No sé, pero me cuesta entender esa dicotomía emocional del señor Presidente ahora y el señor candidato entonces.

Quizás sea pretencioso pedirle una interpretación de su forma de pensar, por razones obvias, pero le hago saber, con el mayor respeto que su investidura y años de vida obligan: a veces es mejor padecer de miopía, y en forma consciente buscar al optometrista para que nos recete un par de anteojos que corrija dicho defecto óptico.

Pero, ¿cómo se podrá corregir la soberbia del hombre cuya responsabilidad es conducir a toda una nación por senderos de paz, tratando de alcanzar el bien común para todos los gobernados? Aquél que cuando escucha a los que tratamos de forjar opinión en base al clamor general, nos llama miopes. El presidente Enrique Bolaños G. debería ser un poco más prudente al emitir sus opiniones que le merecemos algunos ciudadanos que con todo derecho tratamos de participar en el devenir histórico de nuestro país.

No sabe apreciar la molestia que nos tomamos los “miopes” para escribir unas cuantas líneas, con las mejores intenciones para nuestro gobernante. O quizás en el peor de los casos, sus consejeros no le pueden decir que puede más una gota de miel que un barril de hiel. ¿Tan difícil es dar una respuesta diplomática? Creo que debería hacerlo, por indicaciones protocolarias de su cargo.

Invito al señor Presidente a ser más comedido con las etiquetas que gratuitamente se le imponen a determinadas personas. Debe recordar que el que se humilla tiene enormes oportunidades de ser ensalzado, pero el que se ensalza será humillado, irremediablemente.

Sólo he pretendido calar en el sentimiento del primer magistrado de la nación para que trate de suavizar el lenguaje, porque pedirle otra cosa no está en mi agenda. De la manera que estamos amarrados con los organismos internaciones no se me ocurre pedirle que baje los impuestos, desgrave el ahorro y otras medidas económicas que nos ahogan e impiden poder servirnos un buen plato de “caballo bayo”, tal como se le sirve a él en El Raizón. Para muchos nicaragüenses hasta el “gallo pinto” es un lujo.

El autor es abogado y notario.

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