Uriel Lau
La fe hace creer en las personalidades religiosas pues el ser humano ha necesitado siempre de profetas antiguos y modernos, ya que pensamos que son sinceras y buenas sus disertaciones.
He leído el libro La revolución perdida de Ernesto Cardenal, en el que critica la corrupción económica de los presidentes de los gobiernos anteriores de izquierda y derecha, aunque no todos. En este libro tenemos un ejemplo para todos los nicaragüenses y el mundo, un respaldo religioso-político a las ideas de protesta como las que el mayor héroe de la Patria inmortalizó con aquella frase: “mientras Nicaragua tenga hijos que la amen, será libre”.
Sandino no tenía filosofía comunista en cuanto a los sentimientos cristianos del amor. Su legado es una experiencia histórica y latinoamericana con influencia franciscana del obispo Valdivieso, Fray Bartolomé de las Casas, el cura Hidalgo de México, Simón Bolívar y muchos héroes caídos en las revoluciones populares nacionalistas.
Sandino, al igual que Darío, soñaba con una patria grande, aunque fuera pequeña, tal como lo expresó este último al escribir: “Si pequeña es la patria, uno grande la sueña”.
Este héroe nacional no concibió a Dios como una palabra abstracta, ni mucho menos como una palabra sin principio ni fin, sino como una idea de perfección sobre los pensamientos y acciones que cada cual concibe a su manera, según su alma y espíritu.