El Gran Lago, una bendición descuidada

Vigarny Espinoza S.*

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El Gran Lago, una bendición descuidada


Vigarny Espinoza S.*




En múltiples ocasiones he escuchado hablar del tesoro que representa para el país el Lago de Nicaragua, pero no es protegido ni utilizado racionalmente.

En el aspecto turístico, su potencial es casi insuperable. Como recurso natural para la vida y el desarrollo económico del país, es una fuente inagotable de riquezas, pero desafortunadamente todos los gobiernos y la población en general, no hacemos nada que sea de provecho. Veo con tristeza e impotencia cómo la contaminación del lago crece por las acciones directas de las industrias, repartos, comercios y otros que vierten sus aguas residuales sin tratamiento alguno.

Los grandes problemas de abastecimiento de agua potable que sufren Managua, las zonas del Pacífico, la meseta de Carazo y zona central del país, pueden ser solucionados en su totalidad si se desarrolla al menos uno de los diversos estudios que existen sobre la utilización del agua proveniente del lago. El primero se presentó en 1968 y el más reciente a inicios de este siglo, elaborado por profesionales japoneses. Si se ampliaran un poco los alcances respecto a su cobertura, se podrían solucionar las problemáticas de esas zonas, ya que dichos estudios están encaminados primordialmente a solucionar el problema del agua potable de Managua.

Todos los estudios pueden sintetizarse en el tratamiento de las aguas del Lago de Nicaragua y trasladarlas por tuberías hasta Managua. Se pueden colocar tanques a diversas alturas en el cerro Mombacho para que el agua potable fluya por gravedad y se distribuya a los diversos sitios anteriormente mencionados.

La problemática de la energía puede ser resuelta a través de generadores de energía eólica, ya que hay una enorme potencialidad de viento en cientos de kilómetros de longitud a lo largo del lago, que pueden ser aprovechables desde Sapoá hasta Malacatoya. Si bien es cierto que la generación inicial de la energía eólica es un poco cara, a mediano plazo resulta ser más económica que la que se genera con petróleo. De esa energía se suplirían los equipos de bombeo de las plantas y el resto de instalaciones. Si la batería de generadores se instalara con mayor capacidad de la necesaria, existe la posibilidad de vender al sistema actual de distribución los excedentes de generación, incrementando de esta forma la oferta de servicios energéticos.

Por otro lado, además de solucionar la parte vital del agua potable, podría aprovecharse esa generación de energía para implementar el desarrollo del proyecto de la “cota 100”, que consiste en la irrigación de las tierras aledañas al lago con propósitos de desarrollo agrícola y ganadero. Estamos en el siglo XXI, por lo que se debe hacer uso de los sistemas de energía renovables y cambiar los esquemas que por comodidad o pereza aún se aplican.

Hay que aceptar que Nicaragua en su mayor parte no es agrícola, sino de oportunidades agrícolas, ya que las cosechas se producen en función de la calidad de los inviernos, de tal manera que dependemos de los factores climáticos, puesto que en verano las tierras en su mayoría no se cultivan por falta de agua.

Es hora de proteger el Gran Lago, debiendo para ello elaborar leyes que contemplen sanciones y aplicarlas a todos los que lo contaminen, tratando de preservar el principal recurso natural del que depende el futuro. Son tantas las bondades y oportunidades que brinda ese recurso, que si lo aprovechamos de manera racional, en muy corto tiempo veríamos un nuevo renacer de nuestro país.

* El autor es profesor de la UTM.

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