Guerra

Armando Guevara Fletes He visto en el cine y la televisión, y también he leído en los libros de historia, el entusiasmo y alegría con que entraron a la guerra innumerables países del mundo, armados hasta los dientes. La mayoría de los que se metieron a la guerra creían que ganarían en poco tiempo, pero […]

Armando Guevara Fletes

He visto en el cine y la televisión, y también he leído en los libros de historia, el entusiasmo y alegría con que entraron a la guerra innumerables países del mundo, armados hasta los dientes. La mayoría de los que se metieron a la guerra creían que ganarían en poco tiempo, pero cuando la lucha se extiende por años los soldados tienen que dormir arrimados a las paredes de la trinchera, sobre todo en el invierno, ya que el piso se convierte en lodazal. En la guerra se tienen que alimentar a base de potería, pan mohoso y café negro de mala calidad. Tienen que beber agua contaminada y hacer sus necesidades fisiológicas en la trinchera.

Es en ese momento es que los soldados echan de menos las comodidades del hogar: una buena cama, una comida caliente, el baño, ropa limpia, servicio higiénico, etc. Cuando los soldados llegan a ese punto es cuando comienzan a añorar su casa, sus padres, su mujer, sus hijos, sus vecinos y la paz. Y es precisamente, en ese momento cuando muchos piensan en desertar, y otros en que la lucha termine pronto, aunque no obtengan ellos el triunfo.

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