Migdonio Blandón
El 19 de julio fue decretado oficialmente día feriado pero por ningún motivo ha ameritado serlo, ya que la revolución sandinista que se conmemora este día ha sido la mayor frustración del pueblo que contribuyó de distintas maneras a la caída de la dinástica dictadura de los Somoza; pero erráticamente se cayó “de las llamas a las brasas”, al sustituirse por la nefasta dictadura del FSLN en la década de los ochenta, llamada por S.S. Juan Pablo II: “La noche oscura de Nicaragua”.
La frustración del pueblo en tan fatídica década se acrecentó con la cruenta guerra civil que le cubrió de luto, los arbitrarios despojos y la demagógica reforma agraria, la destrucción de la abundante producción y la economía floreciente que se tuvo, muy a pesar de la dictadura anterior, pues el FSLN lo destruyó todo, e incluido el erario todo lo “piñatearon” dejando al país en la miseria que aún perdura.
Ello motivó la debacle familiar y la emigración sin medida, incluso de auténticos y necesarios valores, que habiendo sido o no expropiados o perseguidos, al flaquear su fe, sintiéndose inseguros y sin nada que hacer, dominados por la inseguridad, emigraron cómo y cuando pudieron, yendo a rumbos distintos a aumentar la diáspora; y muchos a integrarse a la lucha armada que hubo en varios frentes del ámbito patrio.
El nombre de Sandino, al tomarlo para su causa fue envilecido por el oprobioso régimen, que desde el comienzo camufló sus intenciones, integrando al gobierno a dos valiosas personalidades: doña Violeta B. de Chamorro y el ingeniero Alfonso Robelo, desde el mismo 19 de julio de 1979; pero ellos, al darse cuenta que no podían revertir las desviaciones y nefastos propósitos de los comandantes sandinistas, que estaban fuera de lo proyectado, no pudiendo hacer nada renunciaron.
Lo que posteriormente ha pasado hasta el presente ya es bien conocido por todos. La gran mayoría del pueblo, a sabiendas del engaño sufrido está plenamente convencida de que la conmemoración que en este día se efectúa es sectaria, no hay nada qué celebrar pues para la gente consciente es el día de la frustración y el engaño. Lo único que es válido siempre es celebrar la Eucaristía en rogativa por los difuntos.
Al asistir a dicha celebración debe ser con sentido y fe cristiana, rogando en general por las ánimas que lo necesiten, sin utilizarla para propaganda política u otros fines; y, contritos, hacer vida en lo posible la oración del Padre Nuestro, que Jesús mismo por medio de sus apóstoles nos ha enseñado, pidiendo también la intersección de María, para que el Señor nos dé un corazón compasivo que sirva de forma especial a los desvalidos.
Además en la misa y siempre a sabiendas que todos de una u otra forma, por acción u omisión, somos responsables de lo que en nuestra Patria acontece, pedirle al Altísimo perdón y misericordia; y que aumentando nuestra fe nos capacite a entendernos mejor, mediante un diálogo cívico y sincero; que sin egolatría, unidos como hermanos, luchemos para erradicar la miseria integral que nos ha invadido. Para así, en libertad y con responsabilidad, hacer de nuestro país lo que Dios ha querido que sea, dándonos la exuberante riqueza potencial que no hemos sabido aprovechar.
El autor es empresario, miembro de Eduquemos.