Heracles (5)

Luis Sánchez Sancho

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Heracles (5)


Luis Sánchez Sancho




Aunque en la literatura se habla generalmente de “las doce hazañas de Heracles” (Hércules en la mitología romana), realmente fueron muchas más. Sin embargo, las más conocidas, aparte de las que ya mencioné en columnas anteriores (estrangular a dos enormes serpientes cuando era aún bebé, matar al León de Citera a la edad de 18 años, desflorar en una sola noche a 49 de las 50 hijas de Tespio), son las siguientes:

Mató al gigantesco León de Nemea —hijo de los monstruos Ortro y Equidna—, al que despellejó e hizo con la piel su vestimenta habitual; después de muerto, el León de Nemea fue convertido en la constelación Leo.

Mató a la Hidra de Lerna, una descomunal serpiente que moraba en la laguna del mismo nombre y tenía numerosas cabezas que volvían a surgir cada vez que las cortaban, hasta que Heracles las decapitó todas de un solo tajo de su espada.

Dio alcance y atrapó a la Cierva de Cerinia, la que corría a la velocidad del rayo y tenía los cuernos de oro y las pezuñas de bronce. Esta cierva fabulosa fue consagrada a Artemisa por ser la única que logró escapar de la diosa cuando ésta quiso cazarla para engancharla a su carroza.

Quitó a Diómedes las yeguas que se alimentaban con carne humana. Heracles hizo que las bestias devoraran a su amo y entonces se volvieron mansas y el héroe pudo llevarlas a Micenas, donde fueron consagradas a Hera.

Mató al Jabalí de Erimanto, monstruoso animal que asolaba la región de Arcadia y aterrorizaba a sus habitantes. Los colmillos del monstruo fueron llevados al templo de Apolo, en Cumas, para su exhibición permanente.

Ahuyentó a las Aves del Lago Estínfalo, enormes animales alados cuyos picos, alas y patas eran de bronce, con las que destrozaban a sus presas: hombres y ganado.

Limpió los Establos de Augías, el legendario rey de Élide que poseía un inmenso rebaño de vacas que eran extraordinariamente prolíficas e inmunes a todas las enfermedades, pero como nunca se limpiaban los establos el país se inundó de estiércol vacuno que causó graves epidemias y mortandad humana. Hasta que Heracles limpió los establos en un día.

Heracles también capturó al Toro de Creta, que recorría la isla echando fuego por las narices y destruyendo todo a su paso. Sometió a Hipólita, reina de las Amazonas, y le quitó su cinturón mágico. Se apoderó de las manadas de bueyes del monstruo tricéfalo Geríones, y se las llevó en la Copa de Oro del Sol en la que Apolo cruza el firmamento todas las noches, de Occidente a Oriente, mientras Selene (la Luna) reina en el cielo. Venció al río sagrado Aqueloo, al que quitó un cuerno que sólo devolvió cuando a cambio recibió la Cornucopia (Cuerno de la Abundancia). Dominó al gigante Anteo, el hijo de Poseidón y Gea (la Tierra) que recibía su inmensa fuerza de la madre tierra, pero el héroe lo debilitó manteniéndolo suspendido en el aire. Mató al Can Cerbero, que cuidaba la puerta de los infiernos para que nadie pudiera salir del reino de los muertos. E hizo muchas hazañas más.

Hablando sobre esto me comentó un amigo que limpiar aquí los Establos de Augías —que es en lo que han convertido los políticos corruptos y pactistas a Nicaragua—, sería una hazaña digna de Heracles. Pero, ¿cómo hacer que éste venga a limpiarlos?, se y me preguntó.

Heracles es la reserva ética que hay en nosotros mismos, le dije. Los Augías hacen lo que quieren porque se los permitimos.

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