De nuevo el debate sobre el aborto

Juan R. Sánchez Espinoza*

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De nuevo el debate sobre el aborto


Juan R. Sánchez Espinoza*




Nuevamente el tema del aborto aparece en la palestra pública. Dos fuerzas antagónicas se enfrentan en el circo asambleístico nacional azuzado por sectores de instituciones del Estado, Iglesia Católica y organizaciones de la sociedad civil. Las víctimas se transmutan y se transforman en victimarias, los delincuentes se transforman en personas de bien.

La Iglesia nuevamente condena, revive la histórica, medieval e inquisitorial decisión de “excomulgar a los impíos”, aprovechándose de la religiosidad del pueblo, cuya doctrina dogmática no permite valorar concienzudamente el trasfondo del fenómeno del aborto en Nicaragua.

Los padres y madres de la Patria, a la mejor manera de Poncio Pilatos, se lavan las manos asegurando que no poseen argumentos convincentes para solucionar la problemática. La realidad es otra: desconocen la trascendencia estadística del fenómeno o simplemente se ubican en el dilema de que siempre quedarán mal con alguno de los sectores de la contienda titánica. Y eso no les conviene puesto que se acercan las elecciones y desean seguir usufructuando el dinero del contribuyente por medio del Estado.

Los sectores arcaicos y recalcitrantes transmiten un mensaje subliminal sobre la necesaria condena a la maldad, aunque sea una “maldad” que persigue aminorar el sufrimiento de las hijas de Dios. Sólo falta que aseguren la necesaria imposición de la “pureza” por medio del “fuego santo” para acabar con la maldad, entonces no nos asombremos si de pronto dicen que es necesario resucitar las santas hogueras para los impíos y blasfemos.

El problema del aborto no hay que verlo sólo como un asesinato hacia un ente, sino hay que trascender y verlo como un asesinato espiritual, pues ese ente muchas veces es producto de la utilización de la fuerza, del chantaje, de la violencia, o bien de un error no deseado. ¿Y que sucede con la niña o mujer que lleva en sus entrañas ese ente? ¿ Acaso no está asesinada espiritualmente? Y será asesinada para toda la vida, si es obligada a parir. Por otra parte, hasta el momento solamente se discute la penalización de la causante del aborto, ¿y qué pasa con el causante del embarazo? Y más aún, ¿qué pasa después del parto? ¿Quién se hará responsable por el desarrollo y crianza de ese niño o niña?

Entonces más bien se debe profundizar no en el hecho que la mujer es la culpable, puesto que la mujer no se embarazó sola. Se debe profundizar en las causas que propiciaron el embarazo. Solamente en los meses de enero a junio del año 2004, el Diario LA PRENSA publicó 84 casos de violencia intrafamiliar y sexual, de ellos 44 incurrieron en violación en la que el violador, en más del 60 por ciento fue el padrastro. Ninguno de los violadores ha sido condenado por las leyes nicaragüenses, ni mucho menos por quienes abogan por penalizar el aborto.

Hoy en día los sectores transculturizados aseguran que con el aborto se les está violentando el derecho del feto, pero no mencionan la diaria violación de los derechos humanos de los que ya nacieron, de los que están en los semáforos o en los basureros, de los que sobreviven porque no viven, de los que son crucificados por las inhumanas políticas del Estado y sus ministerios.

De los 84 casos mencionados, 40 víctimas son menores de 13 años y 9 quedaron embarazadas, las que según la ley deben parir. Entonces, ¿dónde se ubica la justicia? Niñas que están siendo obligadas a convertirse en madres, que están siendo violentadas en su derecho de ser niña, en su derecho a jugar y disfrutar de una niñez sana.

* El autor es catedrático universitario y consultor. Publicó el libro Filosofía social del aborto.

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