Mario Sandoval Aranda
El general José Santos Zelaya López nació en Managua el 31 de octubre de 1853, en el seno de una familia liberal poseedora de fincas de café en Las Sierritas de Managua. Fue hijo del coronel José María Zelaya y doña Juana López, quienes lo enviaron con su hermano Francisco a Francia, a estudiar en el Instituto Hoche de Versalles, que incluía instrucción militar.
En el viejo continente José Santos lee con entusiasmo a los enciclopedistas y asimila los principios de la Revolución Francesa, apropiándose de su ser la filosofía política de la doctrina liberal, con sus principios humanistas de libertad, igualdad y justicia, fundamentos del liberalismo revolucionario que perdura para la eternidad.
Cuando José Santos Zelaya se reunía con sus amigos en Montmartre, en las tertulias de los cafés de los Campos Elíseos, o meditando sólo en los puentes del Sena, recordaba la triste situación de su lejana patria que estaba bajo el yugo de gobiernos reaccionarios, su espíritu como águila remontada los cielos con ansias de redención para su pueblo sumido en el más completo oscurantismo, por gobiernos oligárquicos, resabios del despotismo ilustrado de la vieja Europa.
Cuando regresa también trae los ideales de los libertadores Bolívar y San Martín, e inicia la divulgación de la doctrina liberal logrando que una pléyade de jóvenes, esperanza de la patria, acojan con entusiasmo sus principios ideológicos y tomen la decisión patriótica de luchar hasta hacerlos realidad.
El 11 de julio de 1893, un sol radiante brillaba en los cielos de León, cuna del liberalismo, iluminando el camino que traían los paladines de la libertad, encabezados por el general Zelaya, quienes al salir echaron al vuelo las campanas de Catedral invocando la protección de Dios. Después de derrotar a cuanto ejército mandaban para detenerlos, hicieron su entrada triunfal a Managua el 25 de julio de 1893, como los cruzados cuando entraron a Jerusalén para rescatar el Santo Sepulcro de Nuestro Señor.
El 10 de diciembre la Asamblea Constituyente promulgó la Constitución Política conocida como “La Libérrima”, que consagra constitucionalmente las libertades públicas, fundamento de los Derechos del Hombre en un régimen democrático, y estableciendo un verdadero gobierno republicano.
Lamentablemente hubo la tenaz oposición de los conservadores que al verse privados de sus privilegios hicieron conspiraciones políticas y revoluciones militares. De manera que Zelaya se vio obligado a decretar continuos estados de sitio y leyes restrictivas para mantener el orden público y poder preservar las conquistas en beneficio del pueblo. No fue el tirano que ellos pintan para opacar su aureola de estadista reformador. Es verdad que ordenó prisiones y empréstitos forzosos para resarcir los gastos que ocasionaban los brotes armados, pero nunca ordenó fusilar ni asesinar a ningún nicaragüense. Lo cual fue corroborado por Rubén Darío en su libro “El Viaje a Nicaragua e Intermezzo Tropical”.
En cambio los gobernantes conservadores ordenaron prisiones contra los liberales y también los apaleaban en las plazas públicas. Como medida sistemática los conservadores tenían para deshacerse de sus adversarios políticos, el destierro mediante decretos; una víctima fue el mismo Zelaya y también Rigoberto Cabezas y múltiples prominentes liberales que comieron la amarga fruta del cruel ostracismo.
Fuera del sostenible progreso material económico logrado, Zelaya modernizó las instituciones arcaicas del Estado, el Poder Judicial con nuevos Códigos, Civil y de Procedimiento, Registro Público de la Propiedad, derogación de la infamante ley draconiana de cárcel por deudas, y centenares de leyes que después de un siglo están vigentes.
Pero lo que más inmortaliza a Zelaya es que hizo conciencia creando la identidad del pueblo nicaragüense como nación, y la reincorporación de la Mosquitia por medio de las armas delegadas en el general Rigoberto Cabezas Figueroa, deponiendo por decreto del 12 de febrero de 1894 al autollamado rey mosco y expulsando a los ingleses, quienes por el Tratado Altamirano-Harrison del 19 de abril de 1905, su Majestad Británica reconoce para siempre la soberanía de Nicaragua. El general José Santos Zelaya López, por su obra gigantesca de transformación de las estructuras de su patria ha sido reconocido por la posteridad y llamado con justicia: El reformador.
El autor es escritor e ideólogo del Partido Liberal.