El mito de la mayoría liberal

Mario Alfaro Alvarado

Desde que los liberales ganaron las elecciones en 1928, después de derrotar al gobierno conservador con un movimiento armado que se llamó “Revolución de la Costa”, usaron los datos electorales para probar “con documentos” que el Partido Liberal era el mayoritario de Nicaragua.

Eso afirman los liberales. Pero ¿qué es lo que dice la historia? Que los liberales llegaron al poder en 1893 por medio de una revuelta armada, que en los anales patrios reciben el nombre de revoluciones.

El general Zelaya se hizo con el poder y se mantuvo por la fuerza. Durante su mandato nunca convocó a elecciones. ¿Hubiera ganado su dictadura alguna elección? La Nota Knox expulsó a Zelaya y a su séquito de incondicionales colaboradores. Por una decisión tomada en Washington, los conservadores recibieron el poder, lo cual interpretaron como un respaldo incondicional para quedarse en él en forma indefinida. Entonces se olvidaron del comedimiento y rectitud de los “30 años”, que fueron de alternancia en el gobierno, progreso económico y no reelección, y alegremente se entregaron al desenfreno zelayista. Los que sufrieron a Zelaya no estaban dispuestos a sufrir los abusos de los imitadores que lo sustituyeron y pronto se organizó la oposición bajo la bandera liberal.

En 1928 el general José María Moncada ganó las elecciones. No podía ser de otra manera, puesto que él jefeó la revolución anticonservadora contra el presidente Adolfo Díaz. Las siguientes dos elecciones las ganó el doctor Juan Bautista Sacasa. Ambas fueron súper vigiladas por los marinos norteamericanos y no hubo fraude electoral.

A partir de esas dos elecciones y durante 51 años en el poder, los liberales afirmaron que ellos eran la mayoría política y así lo establecieron en las sucesivas constituciones redactadas por el dictador Anastasio Somoza García.

Si los liberales eran mayoritarios ¿por qué Somoza llegó a la presidencia nombrado por una Constituyente y por qué hizo fraude cada vez que se reeligió? Si el Partido Liberal era mayoritario, ¿por qué no derrotó en elecciones libres y súper vigiladas al movimiento del doctor Fernando Agüero?

Con la Guardia Nacional y no con los votos, los hermanos Somoza impidieron que el Partido Conservador jefeado por el doctor Agüero participara en las elecciones. Ese era el modo liberal de ganar por “mayoría de votos”.

Esa vez tampoco funcionó el mito de la mayoría liberal. El movimiento del doctor Agüero no era exclusivamente conservador, sino antisomocista. En él se alinearon todos los que querían un cambio en la vida nacional para acabar con la dictadura. Ese movimiento desbordó en mucho al liberalismo somocista, por eso no le permitieron participar en las elecciones y los hermanos Somoza crearon una falsa oposición con un partido llamado “zancudo”.

Como parte de la realidad política de Nicaragua, la fuerza electoral mayoritaria siempre ha sido la oposición. Y el día que exista en el país alternancia en el poder, sin fraudes ni caudillismos, siempre ganará la oposición.

¿Por qué es que muchos creen que solamente los liberales pueden gobernar en Nicaragua? Respuesta: porque todavía creen en el mito de la mayoría liberal.

Las mentiras cuando se repiten mucho tiempo terminan siendo aceptadas como verdaderas, afirmaba Vladimiro Ilich Ulianov (a) Lenin.

¿Qué puede ofrecer al pueblo de Nicaragua un partido que tiene como programa político, como máximo ideal, como propósito único, sacar de la cárcel a su caudillo que malversó y dilapidó fondos públicos y endeudó más el país?

Igualmente, ¿qué puede ofrecer al pueblo el otro partido que tiene como caudillo a un coleccionista de derrotas electorales, empecinado ciegamente en seguir aumentando su colección?

Las encuestas señalan que más del 50 por ciento de los ciudadanos rechazan por igual a los liberales de Arnoldo y a los sandinistas de Daniel. Ese conglomerado acumula suficientes votos para derrotar al mismo tiempo a esos dos caciques con sus partidos subalternos.

La gente espera algo nuevo y eso nuevo ha comenzado a dar señales de que ya existe. Lo nuevo será la opción para los que quieren una Nicaragua democrática y próspera, sin reelección, sin caudillismo, sin monopolios sobre los votos. Es decir, esperan una oportunidad que nunca tuvieron antes y que últimamente no han tenido al verse obligados a votar por el candidato menos malo, entre dos igualmente malos. La nueva oportunidad será votar por un candidato bueno que enfrente a los dos candidatos malos.

El autor es periodista e historiador.

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