Hortensia Rivas Zeledón
Desde que la gran mayoría del pueblo nicaragüense derrotó al totalitarismo sandinista en las elecciones del 25 de febrero de 1990, los derrotados han usado toda clase de tácticas: han hecho asonadas, secuestros, tomas de tierras y ciudades, marchas pacíficas y violentas, plantones, huelgas armadas, chantajes y pactos. También usando la astucia se han puesto cuanto disfraz se les ha ocurrido. Y ahora se enmascaran de conversos y se han acercado a la jerarquía católica con el propósito de limpiarse la cara para las próximas elecciones, porque creen que la gente del pueblo es tonta y que tiene mala memoria.
Pero nada se ha olvidado, las heridas todavía están abiertas porque además de ser recientes ellos se han encargado de no dejarlas cerrar con todas sus acciones, su hipocresía, su cinismo y su amenaza de volver al poder.
Muchas personas recuerdan vívidamente los sufrimientos que se padecieron bajo el régimen marxista, cuando los CDS espiaban, amenazaban y agredían a los que no comulgaban con esa ideología. Lo mismo hacían con la Iglesia Católica: todas las agresiones que le hicieron están grabadas en la memoria de los que vivieron esos sucesos, como cuando apedrearon la Escuela María Mazzarello, en junio de 1981, porque estaba oficiando misa monseñor Miguel Obando Bravo; en junio de 1982 atacaron con piedras, garrotes y morteros a los católicos de Monimbó; ese mismo año la señora Maritza Castillo cumplió con el deber revolucionario de contribuir al ultraje que le hicieron al padre Bismarck Carballo; en marzo de 1983 ultrajaron a Su Santidad Juan Pablo II y no le permitieron celebrar la Eucaristía, porque gritaban “queremos la paz” (por eso, cuando volvió en febrero de 1996 se refirió a ese período como “la noche oscura”); en 1983 le quebraron los vidrios de su camioneta al padre Francisco Castel; el 9 de julio de 1984 hubo una marcha de sacerdotes en solidaridad con monseñor Obando y Bravo y el padre Amado Peña; esa misma noche expulsaron del país a diez sacerdotes, entre los que estaban los padres: Benito Pitito, Mario Friandi, Francisco Castel y Santiago de Anitua, ya fallecido.
En esa época, cuando don Sofonías Cisneros defendió el derecho de los padres de familia a darles educación católica a sus hijos, Lenín Cerna lo echó preso, se le paró en las costillas y después lo mandó desnudo a su casa. En 1992 los sandinistas de la Iglesia Popular de la Colonia 14 de Septiembre, jefeados por Rafael Valdés, agredieron al padre Jorge Solórzano, quien era párroco de la Iglesia San Pablo Apóstol.
Todo eso lo hicieron porque su ideología es atea y perversa. Por eso les quitaron a los niños y jóvenes la fe, el temor y el amor a Dios, y los sustituyeron por el partido sandinista. Como consecuencia de eso una parte de la población quedó vacía de espiritualidad y éste fue el más grande daño que le hizo el sandinismo a los nicaragüenses y el más difícil de reparar.
Ellos van a tener una misa especial el 19 de julio, pero aunque se arrodillen en público nadie les cree y así lo afirma el Evangelio en Mateo 7:15-20: “Cuídense de esos mentirosos que pretenden hablar de parte de Dios. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas pero por dentro son lobos feroces. Ustedes los pueden reconocer por sus acciones pues no se cosechan uvas de los espinos ni higos de los cardos. Así todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo”.
Y ellos no han rectificado nada, no han devuelto lo robado, todavía no se ha esclarecido la muerte de Carlos Guadamuz. Cuidado les pasa en su misa lo que decía mi madre, que al hipócrita que comulga se le pone negra la hostia.
La autora es directiva del Partido Conservador.