De la actitud hacia la cultura

Camilo Rincón Gómez

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De la actitud hacia la cultura


Camilo Rincón Gómez




En varias ocasiones he escuchado a personas protestar sobre la cultura nacional, y discutir sobre cuál es la mejor manera de hacer las cosas. Es obvio que muchos de los que discuten están influenciados por la experiencia de vivir o haber vivido en otros países. Y como si se tratara en este caso de un benchmarking empresarial, todos sugieren diversos aspectos de su propia cultura ideal.

Pero muy pocas veces nos ponemos a pensar sobre el proceso necesario para llegar a una mejor cultura. Lo primero que se debe tener en cuenta es que una cultura no es un destino, sino un trayecto. La cultura está compuesta por una serie de costumbres propias de las personas, que forman parte del inconsciente colectivo. Por ejemplo, los latinos somos reconocidos por la calidez del trato que damos a la gente. Es una costumbre que funciona automáticamente con amigos y extraños, y por ser parte del inconsciente lo hacemos mecánicamente. Por eso se dice que nos “nace” hacerlo.

Del mismo modo, las costumbres están compuestas de hábitos que también son parte del inconsciente colectivo y que se generan como producto de la repetición involuntaria. Por último, en la formación de los hábitos concurren las actitudes, que a diferencia de las anteriores son totalmente conscientes.

Pero, ¿cómo un acto totalmente consciente nos lleva a uno inconsciente? La mejor manera de responder esta pregunta es con un ejemplo: cuando se aprende a manejar somos conscientes de los otros vehículos, de los peatones, las señales, etc. En corto tiempo todo esto se hará automáticamente, permitiéndonos hacer tareas conscientes adicionales, y poco seguras, como por ejemplo hablar por el celular mientras se conduce.

Si de verdad queremos cambiar nuestra cultura la respuesta está en nosotros mismos. No necesitamos de sofisticada tecnología de punta para inventar el agua tibia. Sólo con procesos conscientes de actitudes positivas y de mejora, lograremos crear el hábito, que luego de tanto hacerlo se convertirá en costumbre, y que posteriormente de muchas repeticiones, finalmente se volverá una cultura.

Somos plenamente conscientes de las cosas que debemos mejorar, pero el primer paso, el más sencillo, no queremos darlo. Si queremos cambiar, sólo debemos hacerlo. De manera consciente. Para los humanos nos es más sencillo seguir aferrados a las cosas que nos dan seguridad, bajo el pretexto de que hacen parte del inconsciente colectivo, y por lo tanto son generalmente aceptadas sin ningún cuestionamiento.

Querer es poder, dice el adagio popular. Así que si queremos cambiar nuestra cultura, debemos empezar por cambiar nuestra actitud, de manera positiva, optimista, creativa y muy recursiva.

El autor es arquitecto

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