¿Hay que hacer el mal para buscar un “bien”?

Jéssica López Mendoza

Tristemente vuelve a ocurrir en nuestra sociedad un delito de incesto, como el de Rosita. Como nicaragüenses debemos examinarnos y procurar ver qué pasa en nuestra sociedad, por qué hay estos delitos tan monstruosos. Es hora de hacer un alto y pensar que los valores fundamentales del individuo están en decadencia por diversas razones, y me atrevo a decir que los medios de comunicación, sobre todo los de izquierda, influyen negativamente en esto.

La Procuraduría de la Niñez, la sociedad civil y el Gobierno, al igual que el cuerpo médico, deben entrar a un proceso de escrutinio pues deben apegarse estrictamente a la Constitución, sobre todo deben tener presente los artículos constitucionales como ley suprema sobre cualquier tratado internacional o ley específica.

Primero: hay que buscar al violador hasta hallarlo y aplicarle lo que la ley penal establece. Esto debe ser priorizado para realmente cumplir con la justicia que reclama la sociedad. Segundo, hay que dar un seguimiento adecuado a la niña embarazada con atención médica oportuna, alimentación apropiada y un lugar que le ayude en la situación difícil por la que atraviesa. El otro aspecto es protección al bebé que está por nacer, pues él no puede hablar, no puede pedir que lo defiendan, no puede salirse antes de los nueve meses porque muere. Así, pues, reza el artículo 74 de la Constitución: “El Estado otorga protección especial al proceso de reproducción humana”; artículo 5 dice que: “Son principios de la nación nicaragüense, la libertad, la justicia, el respeto a la dignidad de la persona humana…” La niña y el bebé no nacido son iguales ante la ley e iguales en dignidad, ambos son niños y merecen igual protección.

El artículo 23 de la Constitución, señala que: “El derecho a la vida es inviolable e inherente a la persona humana. En Nicaragua no hay pena de muerte”. Y si las entidades públicas dictaminan favorable el aborto, se violenta este artículo pues se condena al niño no nacido a la pena de muerte, por no poderse defender.

Hay que ayudar a la niña embarazada garantizarle su salud con la mejor atención médica, y ayudar al niño no nacido a nacer y a su protección. Hay la suficiente tecnología que garantiza el monitoreo del proceso de embarazo sin exponer la vida de la niña, darle amor, motivación y protección.

Hacer un mal para conseguir un supuesto bien da resultado un mal. Hay que ayudar a los dos niños en esta situación, ofrecer ayuda financiera para su control prenatal, vitaminas para hacer un gran bien. Ayudar a dos seres humanos víctimas del maltrato a su dignidad física y síquica.

¡Vos y yo querido lector, existimos porque no nos abortaron!

La autora es abogada y especialista en cooperación al desarrollo.

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