José Esteban González [email protected]
En su obra El Espíritu de las Leyes, Montesquieu expuso los principios y la forma de realizar los ideales democráticos derivados del pensamiento liberal. Éste encontró su mejor expresión en la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789, de donde se deriva la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU y todo el derecho internacional humanitario.
Del liberalismo proviene la división del Estado en tres poderes independientes y complementarios, el sistema parlamentario, el sufragio universal, el voto femenino, la educación universal, la libertad de pensamiento e información, etc. Todas las corrientes del pensamiento político y social renovador de los dos últimos siglos, son tributarias del liberalismo. En un sentido amplio pero muy real, se puede afirmar que para ser demócrata hay que ser primero liberal.
¿Quién puede ignorar el aporte del liberalismo a la modernización política, económica y social de Nicaragua? Con la (Constitución) Libérrima el presidente Zelaya rompió los viejos esquemas que maniataban a Nicaragua y la puso al día con los principales logros sociales e institucionales vigentes en los países más avanzados. Bajo el gobierno de Zelaya y gracias al también liberal Rigoberto Cabezas, Nicaragua recuperó su integralidad territorial con la reincorporación de la Mosquitia,
Anastasio Somoza García inicia su gobierno como reformador liberal, desplaza del poder a la oligarquía libero-conservadora e introduce importantes reformas sociales entre las que sobresalen el Código del Trabajo y la Seguridad Social, pero no tardó en convertirse en la antítesis del liberalismo. Sin embargo, del propio seno del liberalismo surgió el Partido Liberal Independiente (PLI) que a lo largo de sus más de 60 años de existencia ha escrito páginas hermosas y decisivas de nuestra historia política.
Los liberales participaron en forma destacada en movimientos cívicos y armados contra el dictador. Fueron liberales quienes, en un acto supremo de heroísmo y amor patrio, ofrendaron su vida para descabezar a la hidra somocista, sin imaginarse que, en lugar de poner fin a la estirpe sangrienta, sólo daban comienzo a la dinastía que nos oprimiría todavía durante 20 años terribles. Durante ese período junto con el conservador Pedro Joaquín Chamorro, el socialcristiano Manolo Morales y el entonces socialista Luis Sánchez Sancho, un liberal insigne, Ramiro Sacasa Guerrero, secundado por Pedro J. Quintanilla, ejerció un liderazgo capital caracterizado por la inteligencia, la caballerosidad y la valentía. Bajo el régimen sandinista, el liberalismo en sus diversas expresiones estuvo en primera fila de la resistencia cívica y militar contra los nuevos dictadores.
No obstante las anomalías administrativas de las que ya se hablaba durante su administración municipal, el doctor Alemán logró el renacimiento del liberalismo como fuerza política creíble y lo llevó nuevamente al poder en 1996. Sin embargo, al igual que los danielistas pervirtieron el sandinismo, Arnoldo Alemán inoculó en su propia criatura el destructivo germen del caudillismo y de la corrupción.
Hoy, una vez más el liberalismo ha salido por sus fueros. No obstante la compleja situación política, la deplorable situación social y problemas de coordinación e imagen, un presidente liberal, Enrique Bolaños, está conduciendo a Nicaragua con honestidad y eficacia hacia un mejor futuro. El nuevo liberalismo, liderado por dirigentes jóvenes y coherentes, ha rescatado sus banderas agregándoles una nota de dinamismo y modernidad que lo hace más atractivo y eficaz. En el proyecto unitario que es la Alianza por la República, el liberalismo constituye la principal corriente, pero no tiene igual fuerza en todos los lugares. Hay varios departamentos y municipios donde el conservatismo es claramente dominante y otros en los que otros partidos aliados tienen indudable peso.
El crecimiento de la Alianza por la República, como entidad unitaria, no constituye una amenaza para el futuro del liberalismo; todo lo contrario, es una oportunidad histórica excepcional para que los ideales de libertad, fraternidad e igualdad de oportunidades logren su plena realización en beneficio de todos los nicaragüenses.
En contraste con el liberalismo somocista que precipitó a Nicaragua en una guerra fratricida conduciéndonos al desastre de los años ochenta, y con el liberalismo arnoldista que ha convertido a Daniel Ortega en su principal socio en el saqueo del Estado, el nuevo liberalismo de la Alianza por la República tiene la oportunidad y la responsabilidad histórica —quizás irrepetible— de participar en un lugar eminente en la construcción de la Nicaragua moderna, próspera y solidaria a la que todos aspiramos.
El autor es dirigente socialcristiano, fue fundador de la CPDH.