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Decapitaciones políticas
Casi al mismo tiempo, en los dos partidos mayoritarios del país, PLC y FSLN, que aunque son ideológicamente opuestos tienen el mismo tipo de organización autoritaria subordinada a la voluntad omnímoda de sus caudillos —Arnoldo Alemán y Daniel Ortega—, han sido decapitadas las aspiraciones políticas de sus líderes más populares: Eduardo Montealegre y Herty Lewites.
Éstos han sido políticamente decapitados porque según las encuestas son más populares que Alemán y Ortega y tendrían mejores posibilidades de ganar la elección presidencial del año 2006.
Lewites ha sido descalificado personalmente por Daniel Ortega hasta de la posibilidad de ser candidato sandinista a la Vicepresidencia de la República, en tanto que Montealegre fue excluído de la Convención Nacional del PLC, a pesar de que una asamblea de este partido lo ratificó como convencional el viernes de la semana pasada.
En el caso de Montealegre, pareciera lógico que no se le permita seguir siendo convencional e inclusive miembro del partido, pues ha seguido sirviendo como alto funcionario político en el actual Gobierno, a pesar de que el PLC oficialmente calificó como traidor al presidente Enrique Bolaños, y se declaró como partido de oposición. En realidad, no es usual que una persona que pertenece a un partido de oposición forme parte del Gobierno en un cargo estratégico de decisión política, a menos que por conveniencias del partido el organismo competente lo autorice expresamente a hacerlo.
Pero tampoco hay en los Estatutos del PLC ninguna disposición que prohíba a sus militantes formar parte del Gobierno, ni siquiera en cargos de confianza política como el que desempeña Montealegre. Y si bien es cierto que el artículo 16.i de dichos Estatutos, —invocado por la Comisión Nacional Electoral del PLC para anular la reelección de Montealegre como convencional— indica que el miembro del partido debe “acatar las resoluciones y fallos que tomen las autoridades competentes sobre discrepancias o disputas de cualquier índole…”, sin embargo no hay ningún señalamiento expreso de que formar parte del Gobierno de la República sea causa de destitución de los cargos partidarios.
Por el contrario, los Estatutos del PLC más bien proclaman (Principio 10) que: “El Partido promueve y acoge en su seno el pluralismo y la diversidad de opiniones y tendencias. Tiene abierta disposición a la crítica y respeta las disidencias compartibles con los Principios y los Estatutos”. De manera que la actitud de Montealegre, aunque no haya sido ortodoxa se ajusta a los principios garantizados supuestamente por los Estatutos del PLC.
Pero la verdad es que no es por problemas disciplinarios y disposiciones estatutarias que el “aparatchik” arnoldista ha decapitado políticamente a Eduardo Montealegre, sino porque éste es visto como una amenaza a la hegemonía caudillista de Arnoldo Alemán. Y además, porque Montealegre representa el principal obstáculo para los otros aspirantes a la candidatura presidencial por el PLC. Por eso fue que, primero, lo sacaron (a Montealegre) de la Junta Directiva del PLC, y ahora lo despojan de su calidad de convencional a pesar de que fue electo democráticamente como tal.
Sin duda que esto significa un duro golpe a las aspiraciones presidenciales de Montealegre, pues, si bien es cierto que de acuerdo con el artículo 85 de los Estatutos pueden ser candidatos presidenciales por el PLC inclusive personas que no pertenezcan al partido, sin embargo en este caso se necesitaría la votación favorable de al menos dos tercios de la Gran Convención Nacional.
Algunos analistas políticos consideran que Eduardo Montealegre debió renunciar a su alto cargo político en el gobierno de Bolaños, para poder mantener vivas sus aspiraciones a la nominación presidencial por el PLC, y responder a la esperanza de un amplio sector del partido que quiere su democratización y, por lo tanto, su desalemanización. Y es indudable que manteniéndose dentro del PLC, como directivo o convencional, Montealegre tenía mejores posibilidades de obtener la nominación presidencial, que quedando fuera del partido.
Ahora, si Eduardo Montealegre quiere mantener sus pretensiones presidenciales tendrá que acogerse a la bandera de otro partido, que seguramente sería el Apre. Y habría que ver, entonces, si como candidato alternativo al PLC Montealegre tendría la misma aceptación popular que ha tenido hasta ahora, al menos en las encuestas.