Hay que apostarle a Nicaragua, sin miedo

Ángela Saballos

A cualquiera que quiera ganar las próximas elecciones presidenciales le conviene mantener la tranquilidad nacional para que la administración de don Enrique Bolaños le deje la mesa puesta tras limpiarla de la basura encontrada. Ha sido tediosa la tarea enfrentada. Sin embargo, a estas alturas Nicaragua no sólo es ya oficialmente un país pobre altamente endeudado, al que se le condonó el 87 por ciento de su deuda externa, sino que está entre las naciones a ser favorecidas por la Cuenta del Reto del Milenio, del Gobierno de Estados Unidos, y hay posibilidad de que sea seleccionada como parte del primer contingente de países para iniciar dicho plan.

En momentos como éstos, en los que se ve la oportunidad de salir avante tras librarnos de opresoras deudas y lograr dinero para movilizar a Nicaragua, es que debemos como nicaragüenses elevar nuestra autoestima, creer en nosotras(os) y realizar un acuerdo nacional de paz para el progreso. Irlanda lo hizo, y tras haber sido un país en retraso por su guerra intestina, es ahora una de las naciones europeas con más ingreso per cápita.

El ejemplo de Irlanda nos enseña a deponer intereses políticos en pro de intereses nacionales, del futuro de la nación. Los irlandeses dejaron de ser el país del cual se iban sus nacionales en un éxodo similar al nuestro, para convertirse en una nación donde los extranjeros llegan a buscar trabajo. Ellos ya no exportan mano de obra; más bien la reciben.

Ahora, esto implica apostar por la Patria, trabajar incesantemente e invertir fuerza y dinero. Tenemos que estar listas (os) con propuestas y proyectos que merezcan el interés de la gran mayoría de compatriotas. El capital nicaragüense debe incluirse sin miedo y con fuerza, porque si no se la juegan quienes tienen el dinero, no sólo dan señal de pasividad, sino que desalientan la agresividad de empresarios extranjeros para invertir acá.

Cuando veo que empezamos a ser tomados en cuenta para préstamos, me descansa saber que ya podemos ofrecer un plan nacional para el desarrollo de Nicaragua y que éste tiene propuestas para corto, mediano y largo plazo El plan, presentado por el Gobierno Bolaños en 2003, incluyó proyectos de los cuatro gobiernos anteriores y está abierto para que los nicaragüenses aportemos ideas.

¿Qué propondría yo a un país, cuenta, inversionista u organismo que me ofrece dinero para el avance nicaragüense? Yo solicitaría fondos para un plan nacional para elevar la autoestima del nicaragüense que a su vez construiría ciudadanía y reivindicaría los derechos de la mujer y niñez. Solicitaría préstamos para salud y educación primaria, secundaria y técnica. Es necesario contar con la esperanza y la energía de un pueblo sano y educado, que cree en sí mismo.

Pediría financiamiento para medianos y pequeños empresarios de Nicaragua, en los que incluyo a los finqueros que hasta ahora ven languidecer sus tierras sin que algún banco privado del país les preste. Esto generaría esperanza y circulación de un capital mínimo y propiciaría que los campesinos regresaran a sus parcelas y se desarrollaran las 60 ciudades detectadas por el plan nacional para recibir una atención más enfocada del Gobierno.

Yo invertiría en carreteras entre la Costa Caribe y la Costa del Pacífico. Esto permitiría integrar a la ciudadanía de ambas costas, ayudaría en la interacción y el turismo nacional. No me olvidaría incluir la construcción de un canal interoceánico, seco o mojado.

Para que esta carta al Niño Dios funcione es fundamental que las instituciones del Estado garanticen el derecho ciudadano, independientemente de su color partidario y que administren con transparencia y sin corrupción, los fondos conseguidos. Por tanto, yo conformaría un grupo de sociedad civil que vigilara la ejecución de estas propuestas.

Considero que quienes hemos sido la generación que inició el cambio de la dictadura a un inicio de democracia, tenemos la obligación de impulsar este nuevo momento. Pienso que es conveniente la tregua nacional de la cosa política para dedicarnos al trabajo y a la construcción económica de la Nicaragua soñada en un acuerdo de paz para el progreso.

La autora es periodista.

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