José J. Quadra
Preguntaba en un libro que publicó mi buen amigo Enrique Alvarado Martínez que si ha muerto el Partido Conservador. Este mismo amigo apuntó en un artículo: “Lo que parece buscar el hombre y la mujer en este país es una causa o unas personas en quien poder confiar: honradez y servicio público, tan simple como suena, es lo que quieren encontrar. No más discurso con fachada bonita y doble moral de fondo”. Y eso precisamente ha sido el Partido Conservador en la historia: honradez y servicio público.
Los conservadores no conocemos ninguna declaración oficial de las autoridades superiores del Partido, explicándonos qué será de este viejo roble verde, factor importante de la vida republicana de Nicaragua. No sé si lo han mandado a descansar, a dormir un buen rato o a que se prepare para despertar en el 2006, o lo han sustituido por un Apre y que su bandera verde la han mezclado con rojo y azul.
¿Tendré que dejar mi mochila verde a un lado, con más de 50 años de transitar con ella en los campos nicaragüenses, con la bandera verde y con el hermoso lema de Dios–Orden–Justicia? Estas reflexiones quiero compartirlas en momentos muy difíciles de la vida nacional, y me concretaré como un punto de referencia a la ciudad de Granada.
El conservatismo granadino siempre ha dejado oír su voz y su pensamiento ante las autoridades del partido, y más en esta última década en que se ha venido planteando su cambio de nombre, de coaliciones, etc. Granada se ha manifestado, tanto en documentos oficiales de su dirigencia departamental y yo en lo personal expresándome con artículos en LA PRENSA, en los canales 2, 12, 8 de TV y en los medios radiales locales.
El partido, en Granada, en los últimos 10 años ha mantenido abierta una hermosa y central casa, con actividades partidarias diarias: reuniones, charlas, celebraciones, visitas a barrios y comarcas, etc. que se contabilizan en cantidades respetables.
Recuerdo entre algunas de las más importantes el cierre de campaña del doctor Vidaurre, cuando se organizó una gran manifestación en la Calle Real; el cierre de campaña por la Alcaldía de Chamorro Mora; la gran multitud congregada en la costa del gran lago para develizar la estatua del general Emiliano Chamorro que fue destruida en los años ochenta; en octubre del 2002 más de mil dirigentes conservadores de todo el país reunidos en el Convento de San Francisco, celebrando el 50 aniversario de la fundación de Juventud Conservadora, a la que asistieron todas las tendencias conservadoras, en demostración de fuerza y esperanza en el partido como la opción que los nicaragüenses esperan.
Si de resultados prácticos se habla, la única cabecera departamental que ganó el partido en las anteriores elecciones municipales fue Granada. En proporción a la población Granada tiene el mayor número de votantes verdes, habiendo obtenido en la última elección el 7 por ciento del total de votos verdes en todo el país. El costo económico de todo lo anterior ha salido de las mismas costillas granadinas.
Creo por lo anteriormente expuesto que el conservatismo en Granada se ha ganado un respeto especial; que la fórmula que sus autoridades eligieron hace algunos días —Cuadra–Ordóñez— reúne las condiciones para ser de los mejores y que cuentan con mayores posibilidades de triunfo; que esta fórmula tiene todo el derecho de contar con representantes en el Concejo Municipal casualmente para responder a la confianza que le dará el voto popular y la representación legal de la alianza ante el Consejo Electoral. Los concejales son 8, número suficiente para que el partido reclame por lo menos 3 y los otros 5 para que se integren los aliados.
Si estos hechos no valen nada entonces ¿qué es lo que vale? ¿Qué le podemos decir a Enrique Alvarado? Por mi parte reconozco las malas condiciones que hay ahora, pero peor estuvimos después que el filibustero William Walker nos fusilara, encarcelara, empobreciera y por último nos incendiara. Pero tengo la esperanza de que —aunque tal vez yo no lo vea— el conservatismo no morirá. La juventud tiene la palabra.
El autor es historiador conservador.