A pesar de la miseria en que Pedro Traña vive junto a sus pequeños, asegura que nada podrá distanciarlo de ellos.

Siete veces padre

Emiliano Chamorro El Javillito, Nandaime. Pedro Traña tiene 42 años y con una prole de siete hijos, se encuentra en una lucha constante por la sobrevivencia. Se quedó sin esposa, no tiene trabajo y tampoco está claro cuál es el futuro de sus hijos, ante la situación de pobreza y miseria en que vive. Tres […]

Emiliano Chamorro

El Javillito, Nandaime. Pedro Traña tiene 42 años y con una prole de siete hijos, se encuentra en una lucha constante por la sobrevivencia. Se quedó sin esposa, no tiene trabajo y tampoco está claro cuál es el futuro de sus hijos, ante la situación de pobreza y miseria en que vive.

Tres mujercitas y cuatro varoncitos habitan junto al padre viudo en la comunidad El Javillito, ubicado a 15 kilómetros al sureste de Nandaime.

La madre de sus hijos murió hace tres años tras padecer de una infección en el hígado, y desde entonces asume la responsabilidad de velar solo por los menores.

La casa construida de viejos ripios es apenas la prueba de una lamentable tragedia en que vive este hogar donde los niños presentan desnutrición y sus rostros asoman tristeza y desesperanza.

Ninguno de los pequeños asiste a clases. Los niños andan descalzos y harapientos, y a pesar que son las 12:00 del mediodía en ese hogar no había cocina encendida como indicio de que era hora de almorzar.

Según Traña, los pocos centavos que obtiene de las labores agrícolas que logra realizar en la zona los utiliza para el alimento de los niños.

SIN JUGUETES

En el interior de la humilde vivienda es evidente la falta de juguetes para la diversión de los infantes. Cuando se le preguntó a Dagoberto de 3 años, el niño más pequeño cómo se divertía, reaccionó temeroso e intentó llorar. Este niño presenta desnutrición y según su papá, le ha salido bien enfermo con problemas auditivos, sin poderlo llevar donde un médico.

Maryleth dice levantarse a las 5:00 de la mañana porque tiene que buscar como cocinar para sus hermanitos y su papá, pero éste riposta que “a veces cocina ella y otras veces yo”.

En el hogar de Traña sólo existen dos viejas tijeras y un tablón en forma de cama donde tienen que acomodarse los siete niños con su papá.

LA MAYOR HACE DE MADRE

Maryleth de los Ángeles Traña Escampini, ante la situación de pobreza en que viven, tiene que asumir la responsabilidad de madre, cuando su papá tiene que salir a trabajar en labores agrícolas.

Aunque la niña ya aprobó su sexto grado de primaria, según su papá, no ha podido iniciar sus estudios de secundaria porque en la zona no hay colegios de educación secundaria y no tiene los recursos para trasladarla a la ciudad de Nandaime, lugar donde podría estudiar.

Sin embargo, el papá de Maryleth, asegura que otro obstáculo que impediría la continuación de los estudios de la menor sería el cuidado de Dagoberto, el niño menor.

Quizás la marginación y la falta de relaciones sociales, hacen que Maryleth sea una niña tímida y reacciona apenada cuando se busca la forma de comunicarse con ella. Sólo ríe y trata de ocultar el rostro, igual pasa con el resto de los niños.

PAPÁ HASTA EL FINAL

Mientras Pedro Traña conversa sobre su situación ríe con frecuencia. A pesar de sus problemas expresa que a sus hijos no los abandonará. Algunas personas, según dice, le han pedido a los niños “pero que va, eso no lo hago mis hijos son míos y de alguna manera sobreviviré junto a ellos”, asegura mientras pone la mirada en su hija mayor.

Dice que a veces sólo comen frijoles, otras veces frijoles y arroz, y en ocasiones le agregan huevos al menú.

Expresa que si su esposa estaría viva, buscaría la forma como ir a trabajar a Costa Rica a como lo hacía antes, pero no puede dejar solos a sus niños.

Otra de las dificultades que atraviesa Pedro Traña, es la falta de agua potable y energía eléctrica en la comunidad.

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