Faltan buenos líderes

Edmundo Dávila Urbina

Se conocen muchas definiciones de la palabra liderazgo, sin embargo, se podría resumir gran parte de ellas en la siguiente afirmación: “Liderazgo es la capacidad de influir en las personas y lograr que éstas sigan a quien las influye”. Basados en este concepto puede deducirse que existen líderes buenos y perjudiciales, ya que se puede influir positiva o negativamente en la gente y ésta tiende a seguir a un líder que tiene buenos o malos propósitos.

Adolfo Hitler (el führer), por ejemplo, fue un líder político que influyó negativa y desastrosamente en sus seguidores, a quienes sedujo para que lo apoyaran en sus macabros objetivos bélicos de conquistar Europa, provocando la Segunda Guerra Mundial y causando la muerte a millones de inocentes. Jesús de Nazareth sin embargo, fue otro líder espiritual que, a diferencia de Hitler, predicó humildemente el amor al prójimo y murió crucificado para salvar al mundo de sus pecados. Ambos personajes influyeron decisivamente en la historia de la humanidad pero en forma radicalmente opuesta. Asimismo existen líderes empresariales, religiosos, sindicales, etc. En este escrito me refiero principalmente al liderazgo político.

Lo que diferencia a los líderes buenos de los perjudiciales es que los primeros destacan por su alta escala de valores y sus habilidades de dirigentes. Los perjudiciales, por su parte, se apoyan en el principio maquiavélico de que el fin justifica los medios y no les importa que sus actos carezcan de justicia, ética, moral y humanismo. Hacen lo que sea y eliminan sistemáticamente a quien se interpone en su camino con tal de alcanzar sus objetivos. Su forma de dirigir es autocrática, demagógica, inspiran temor en lugar de confianza, hablan con engaño no con la verdad, creen que son insustituibles y que nadie es capaz de reemplazarlos, pero saben disimular muy bien todos estos aspectos negativos ante sus simpatizantes.

Los buenos líderes tienen además ciertas virtudes que los distinguen de forma clara. Una de las más importantes es la integridad, que consiste en hacer coincidir lo que se predica con lo que se hace. “La primera clave para la grandeza es ser en verdad lo que aparentamos ser”, señalaba Sócrates. Un líder con integridad no tiene una doble vida ni un pasado oscuro o cuestionable. Su discurso estará siempre en armonía con las obras que ha realizado durante su vida. La integridad garantiza que la conducta y los actos del líder sean congruentes con sus creencias.

Otra característica esencial de los buenos líderes es que éstos sean agentes de cambio. Un líder que ya no tiene nada nuevo, innovador o beneficioso que ofrecer a sus seguidores debe pensar en dar paso a nuevos y confiables liderazgos. Si esto no sucede, se corre el riesgo de que el líder se convierta en un caudillo, que luego se obstina en mantenerse por tiempo indefinido en el poder. Desde mi punto de vista, el caudillismo es una etapa terminal del liderazgo en la que se han desvanecido todas las destrezas y cualidades que el líder tuvo o fingió tener para alcanzar su posición hegemónica. Este detrimento de su personalidad aparentemente no es percibido por el caudillo, quien no da paso a corrientes renovadoras, asumiendo una actitud dictatorial. Los buenos líderes deben influir en sus adeptos, no sólo para que éstos les sigan, sino también para que lleguen a ser capaces eventualmente de dirigir a otros. La lealtad al líder va a ser mayor cuando el que le suceda, haya crecido personalmente gracias a la dirección de aquél.

En Nicaragua en el plano político se ha estigmatizado la palabra liderazgo. Sin embargo, es importante aclarar que los buenos líderes políticos son indispensables, que han existido y existirán siempre, pero se requiere que éstos sepan previamente dominarse y dirigirse a sí mismos correctamente, antes de querer dirigir a otros; que trabajen en beneficio de los demás y no para provecho personal, que tengan una visión clara del camino a seguir y que muestren a sus partidarios la forma de recorrerlo, que inspiren y motiven en lugar de intimidar y manipular.

“Aprender a reconocer al líder, es deber vuestro. Hay tiranos por vuestra culpa…” Que Dios ilumine a los nicaragüenses a la hora de escoger entre líderes buenos y perjudiciales. El pueblo tendrá la última palabra.

* El autor es ingeniero en sistemas de información, MBA

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