Reflexiones sobre Santo Tomás Moro

Edgar Zúñiga

Roman, Times, serif»>
Reflexiones sobre Santo Tomás Moro


Edgar Zúñiga




En amplios ambientes del cristianismo católico, la figura de un santo tan egregio como Santo Tomás Moro es casi totalmente desconocida. Y esto es una gran lástima, sobre todo que sea así en nuestra sociedad tan traumatizada por el acontecer político. La figura de Santo Tomás Moro es un paradigma polifacético que va desde el intelectual humanista renacentista al político, diplomático, que culmina en el hombre de fe inclaudicable aún delante del hacha del verdugo.

Chesterton dice que Santo Tomás Moro es el más grande de todos los ingleses y que jamás Inglaterra volverá a tener a otro Santo Tomás Moro. Llegar a descubrir la grandeza humana de Moro no ha sido tarea fácil. En la época de los Tudor se fortaleció la interpretación protestante extremista de Moro como un fanático despiadado que nutría la hoguera de herejes, lo cual fue aceptado ingenuamente y de manera acrítica en amplios sectores intelectuales de Inglaterra. Así por ejemplo en la Historia de Fraude y el famoso libro sobre Los reformadores de Oxford en 1498, escrito por Fredric Seebohm, publicado en 1867. Pero fue precisamente esta versión tendenciosa engañosa, basada en conjeturas, malas interpretaciones y deducciones falsas que obligaron a ingleses como Ernest Edward Reynols a estudiar a profundidad y con enorme seriedad científica la vida de Sir Thomas More. Fue intención de la alta sociedad inglesa, incluyendo la monarquía bajo Isabel I y la jerarquía de la Iglesia de Inglaterra, protestantizada en ese período, que los mártires católicos ingleses fueran relegados al olvido y eso en parte se ha logrado. La visión que se maneja en la Iglesia Católica de que los católicos ingleses mansamente abjuraron de su fe no es del todo cierta y esto constituye un asunto a estudiar por los historiadores eclesiásticos, lo cual no necesariamente es una zancadilla al diálogo ecuménico porque ecumenismo es sobre todo la búsqueda común de la verdad.

Pero alguien que se salvó de semejante manto de silencio fue precisamente Santo Tomás Moro. Moro fue demasiado grande para poderlo ocultar. El político más relevante de la Inglaterra del siglo XVI. Nada le habría costado haber usufructuado las delicias del poder; le hubiera sido muy fácil. Enrique VIII sabía quién era Moro y cómo no le hubiera gustado haberlo tenido a su lado. Pero Moro no podía trabajar para un rey adúltero y asesino de sus supuestas esposas. Un hombre como Tomás Moro no podía jamás renunciar a la que él llamaba “Christ’s Catholic known Church”, porque ésa era la clave de su vida, de su muerte y de su gloria.

A Santo Tomás Moro se le conoce sobre todo por su famoso libro Utopía. Pero Moro es mucho más que eso. No es éste el momento de dar la bibliografía completa de Moro; basta citar la correspondencia con Erasmo de Rótterdam. Hay que recordar que fueron grandes amigos; que Erasmo escribió su famoso Elogio de la locura en casa de Moro. Los dos fueron los grandes soles del humanismo cristiano católico. Tomás Moro hablaba en griego clásico con su hija Margarita que conservó la cabeza de su padre y toda su documentación, lo que le valió cárcel en la torre de Londres.

El Papa Juan Pablo II lo declaró patrono de los políticos católicos. Éste es un gesto del magisterio supremo de la Iglesia, que se convierte en una señal que nos indica el camino que hay que recorrer. Es decir, Santo Tomás Moro no es solamente un santo que está en los altares; sino que es modelo a imitar, un paradigma con el que hay que confrontarse. Los políticos católicos deben buscar como Moro, la sabiduría y la santidad. Si nuestros políticos llegaran al uno por ciento de esta meta, Nicaragua sería sin duda más bella que el paraíso terrenal. A él nos encomendaremos en el día de su fiesta para que nos conceda esta gracia y Nicaragua pueda contar con políticos católicos dignos de su santo patrono.

El autor es profesor de Teología de la Universidad Thomas More

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí