- Señalan que actividades de limpieza de la Alcaldía en la laguna, para abrir las puertas a la inversión turística, “es puro maquillaje estético y superficial”
- Instan a debatir científicamente futuro de laguna
Johnny Cajina Guillén
El último plan de manejo presentado para salvar a Tiscapa no es la panacea para resarcir su debacle ambiental. Los científicos son escépticos y coinciden en la urgencia de planes científicos más profundos para poder decir la última palabra en tan complicado problema, cuyos orígenes son tan antiguos como diversos.
Para Salvador Montenegro, director del Centro para la Investigación de los Recursos Acuáticos de Nicaragua (CIRA), los cauces que desembocan en Tiscapa y que la conectan artificialmente con Las Sierras de Managua no son el principal inconveniente, sino las aguas pluviales y las toneladas de sedimentos sin control que éstos arrastran.
“La cuenca de Tiscapa es muy pequeña. Se trata de una laguna que recibe desde la superficie únicamente pequeñas porciones de agua que drenan directamente de su cono volcánico, pero al ser conectada a un cauce se le agrega artificialmente un área mucho mayor de 22 kilómetros cuadrados”, explica el científico.
“Es un área territorial con una morfología particular que posee un suelo volcánico poco consolidado, con 960 metros de altura y que desciende hacia Managua en menos de 17 kilómetros, lo cual provoca una capacidad de arrastre muy destructiva y una intensa erosión hídrica”, asegura Montenegro.
130 AÑOS DE ERRORES
Esta erosión, dice el experto, se origina en el siglo XIX, época en la que se empieza a cultivar café en Las Sierras y se deja al suelo desprovisto de su vegetación natural. Esta circunstancia sumada a un fuerte invierno propició alrededor del año 1880 los primeros aluviones que inundaron y causaron daños materiales y humanos en la incipiente ciudad capital.
El primer gran error que cometen las autoridades de entonces fue aprovechar las enormes cárcavas dejadas por el fenómeno para revestirlas con piedras y concreto. Así nacieron los cauces oriental y occidental de Managua y todos los demás que se conocen en la actualidad.
Montenegro mostró sus reservas alrededor del Plan de Manejo que una consultora privada presentó semanas atrás, y dijo desconocer los detalles de un proyecto de ionización (purificación del agua) anunciado en reiteradas ocasiones por el alcalde de Managua, Herty Lewites y que le costará a la ciudad alrededor de 800 mil dólares.
Favorecer la infiltración natural que ha sido modificada, controlar la basura y los torrentes que bajan desde Las Sierras, es a juicio de Montenegro una cosa elemental. “Lo demás viene solo”, concluyó Montenegro, insistiendo en que llevamos 130 años de errores y construyendo soluciones paliativas para Tiscapa.
BALANCE HÍDRICO
Otro escéptico es el biólogo y ecólogo Mauricio Lacayo Escobar, docente de la UNAN Managua, quien asegura que algunas de las soluciones ofrecidas en el Plan de Manejo, como el desvío de los cauces, resultan cuestionables si no se cuenta con un balance hídrico de la laguna, es decir conocer cuánta agua le entra y le sale por la vía subterránea.
“Hay muchos planteamientos válidos (en el plan), pero también hay medidas más baratas”, asevera Lacayo, quien tiene serias reservas sobre el proyecto de dragado de la laguna por sus altos costos y se mostró receloso por la idea de ionizar sus aguas, ya que se trata de un proceso químico complejo y costoso, que en países pobres como el nuestro resulta contraproducente.
Lacayo abogó por la necesidad de reunir a la comunidad científica en un foro de carácter crítico y no publicitario, para debatir sobre el problema de Tiscapa, que aseguró “sufre un proceso de sedimentación brutal que podría secarla a la vuelta de 20 años”.
BASURA NOCIVA
Los desperdicios vertidos sobre los cauces en los últimos 20 años y el mal manejo de la cuenca hídrica de Managua, constituyen la principal amenaza para Tiscapa, convertida hoy en un verdadero basurero subacuático.