Potencias contra la corrupción

Ariel Montoya

Los líderes conservadores de las Américas, Asia y Europa, así como los gobiernos de ocho de los países más ricos del mundo están contra la corrupción en Nicaragua. Eso demuestra que Nicaragua está ofreciendo una nueva imagen ante el mundo en los dos años y medio de gobierno del presidente Enrique Bolaños.

Mientras asumía la banda presidencial el nuevo mandatario salvadoreño, Tony Saca, el Consejo Directivo de la Unión de Partidos Latinoamericanos (Upla), organización continental que aglutina a los partidos conservadores y social cristianos y al que pertenecen el Conservador de Nicaragua, la Unión Demócrata Independiente de Chile, el Conservador Colombiano, el Kuomintang de China Taiwan y la propia Alianza Republicana Nacionalista, entre otros, emitía una resolución en la capital salvadoreña de respaldo a la recién creada Alianza por la República (Alianza), en la que expresa su total respaldo a esta nueva fuerza política nacional.

Pero la Upla no sólo hizo lo que comúnmente hace cuando respalda a nuevas fuerzas políticas democráticas. También se saltó las trancas y apoyó de paso la lucha anticorrupción del Gobierno nicaragüense. ¿Por qué? Sencillamente porque esta iniciativa de la Alianza, presentada ante el Consejo Directivo de la Unión de Partidos por una de las fuerzas nicaragüenses que la integran, como el Conservador de Nicaragua, (además del GUL, el PSC, el MDN y MUN), retoma en sus estatutos “la lucha contra la corrupción iniciada por el presidente Bolaños”.

Si bien este respaldo partidario internacional es el primero en legitimar los esfuerzos de conformar una nueva fuerza política, —no estigmatizada como tercera vía ni de centro, pues estas terminologías ya han sido abortadas por el electorado como producto del fuerte bipartidismo liberal-sandinista, así como por la escasa visión de quienes se han montado en ellas—, resulta ser oportuno en cuanto a que simboliza un primer paso en la consolidación del reconocimiento internacional no sólo de la legitimidad de la gesta ética oficial, sino también de la voluntad nacional de crear una nueva y reformada clase dirigente.

Este respaldo para la Alianza por parte de la Upla, lo estarán dando también otras importantes instituciones regionales que aglutinan a otras fuerzas partidarias y doctrinales, como la Internacional Liberal (IL) y la Organización de Partidos Demócrata Cristianos de América (ODCA), por lo que se podrá avanzar con mucha mayor solidez en el desarrollo y gestación de esta iniciativa con tinte de renovación nacional, lo que la convierte así en la heredera legítima de la Nueva Era y su chock contra el establecimiento político criollo.

Lo del G8 es otra carta bajo la manga para la estabilidad y el desarrollo institucional en beneficio ciudadano. Este respaldo de las potencias que integran el grupo (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Japón, Francia y Rusia), es para promover la transparencia y combatir la corrupción en países como Perú y Nicaragua, tras haber logrado ser beneficiados con la Cuenta del Milenio.

Tanto la HIPC como el Plan Nacional de Desarrollo (PND), así como estos nuevos espaldarazos de sectores influyentes de la comunidad internacional para Nicaragua, vienen evidenciando el nuevo dominio de la agenda que dentro y fuera existe en el actual proyecto de nación incoado desde el 2001.

Este interés mundial hacia Nicaragua, no obstante, es eclipsado por el debate político a tres bandas, compuesto por el Gobierno Central y la interrelación con las fuerzas políticas con representación parlamentaria, el liberalismo y el sandinismo. Fuerzas que, presas del caudillismo de quienes las representan y del que no parecieran ser capaces de desprenderse, así como de sus contracorrientes históricas, no han podido conceptualizar la magnitud de este proceso, independientemente de los tropiezos cometidos en su gestión.

Sin embargo, esta irracionalidad del desgastado juego político, entre un sandinismo dialectalmente contradictorio en muchos de sus postulados, un liberalismo que se resiste a encontrarse con su doctrina visionaria, y un gobierno maniatado eventualmente pero decidido a cumplir con las metas impuestas, no será capaz de neutralizar la referencia mundial de la cual Nicaragua vuelve a ser centro de atención. No lo será por su decidida actitud hacia la promoción de la transparencia, y para que los ríos de leche y miel prometidos ya en un pasado, sean realidad en este presente.

El autor es periodista y político.

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