Guillermo Areas [email protected]
De continuo escucho la frase “desarrollo económico sostenido”, cuyo significado implica un crecimiento económico basado en la explotación racional de los recursos naturales, que permita a las generaciones futuras continuar ese crecimiento teniendo siempre a disposición dichos recursos.
Los bosques de la Costa Este y el Centro de EE.UU. sufrieron enormes despales en los primeros años del siglo XX. Luego fueron reforestados y hoy dicho país tiene la misma cantidad de madera en sus bosques que el día del descubrimiento de América.
En Nicaragua se trabaja para destruir el país. En Veracruz, Nindirí, están construyendo urbanizaciones con fosos asépticos comunes poniendo en peligro el manto acuífero que suple gran parte del agua potable que consume Managua. El río Hato Grande en Villa Nueva, probablemente se quede seco por la actividad de una constructora de carretera en dicha zona. En el cerro Motastepe continúa la extracción de arena sin control. Todo el medio ambiente del país se contamina de desechos industriales.
Me comentaba el ingeniero Jorge Savagny, presidente del Instituto de Crédito Rural, que más de 20 rastras semanales de madera preciosa salen para Costa Rica, y que botes piratas armados vienen de Honduras a nuestra costa norte del Pacífico, a robar mangle y larvas de camarón.
Como ciudadano protesto y preguntar qué hacen las autoridades por detener todo lo anterior. Les falta visión, autoridad o tienen temor de tomar decisiones. No entro al tema de visión pues ese es un atributo que al parecer el Señor no otorgó a los nicaragüenses.
Creo que los funcionarios públicos recibieron delegación administrativa del Ejecutivo sin la correspondiente delegación de autoridad. No existe nada más perjudicial para la función administrativa que delegar funciones sin la correspondiente autoridad.
Ningún funcionario quiere tomar decisiones. Temen a lo que pensará el Presidente. En un país con la pobreza del nuestro, el puesto gubernamental es un “modus vivendi”, y no se puede perder. El otro temor es qué dirá la Contraloría, y entre falta de visión, falta de mando e incapacidad de decisión, nadie toma medidas para la protección de los recursos naturales del país.
Y mientras los bosques se terminan, y se roban los mangles, ostras, garrobos y todo lo que está a la vista, los noticieros del país continúan preocupadísimos por los viajes de don Enrique y don José, y éstos ingenuamente le dan cancha a los dueños de medios, quienes en su pirámide de Maslow, su cúspide es llena de intereses políticos y económicos más que patrióticos. Ojalá le dedicaran el mismo tiempo a la protección de los recursos.
El Ejecutivo y la Asamblea Nacional parecen tener actividades más apremiantes que garantizar el futuro de nuestros descendientes. Parece más importante mantener con vida la bancada de Camino Cristiano, que aprobar leyes que mejoren la calidad de vida del nicaragüense.
Se necesitan con urgencia leyes estableciendo delitos contra la ecología del país y para castigar a quien los cometa. La creación de una policía del medio ambiente es necesaria y a tal efecto podría usarse parte del presupuesto del Ejército entrenando y destinando unos tres mil militares para ese fin. Proteger los recursos naturales es también defender la soberanía nacional.
Tanto daño hace al país quien vacía el erario público como quien destruye los recursos naturales y los que teniendo el poder para detener esta destrucción no hacen nada para evitarla. Unos por acción y otros por omisión todos somos culpables.
Es triste que el legado a las generaciones futuras del país sea un desierto y una máquina de coser en la Zona Franca. Como dijo Rubén Darío en su Cantos de Esperanza: “un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste”.
El autor es abogado y notario público.