Eduardo Enríquez
Todavía se oye con alguna frecuencia decir a los funcionarios del Gobierno y a gente de la llamada Sociedad Civil, que “hay que construir instituciones” para evitar que los fieles servidores de los caudillos controlen las cosas de acuerdo a sus intereses. Eso es cierto. En parte.
O sea, estamos claros que lo mejor sería que los problemas se abordaran en instituciones que regidas por leyes y que se resuelvan de acuerdo a éstas, sin tomar en cuenta la influencia o los intereses de tal o cual persona o grupo. Eso sería ideal.
Sin embargo, lo que sucede en la realidad es que “las instituciones” terminan siendo tomadas por representantes de los caudillos que las usan para “institucionalizar” sus desmanes.
Aquí ya estamos llenos de instituciones. Hay una Contraloría, hay una Corte Suprema a la cabeza de una serie de Juzgados regados por todo el país, hay una Asamblea y hay Procuradurías de todo tipo, tamaño y color. Pero no funcionan, porque primero hay que comenzar por llenarlas con gente que se respete a sí misma primero y a las leyes después. Mientras eso no ocurra la famosa modernización de las instituciones terminará siendo un instrumento –esta vez más moderno, eficiente y efectivo– en las manos de los caudillos.
Eso es lo que puede pasar con dos propuestas que hay en el aire en estos momentos. El tema de la Superintendencia de Servicios Públicos, y una idea que hay de incluir en la Cuenta del Milenio (fondos donados por Estados Unidos para el desarrollo) un proyecto para modernizar el sistema de la propiedad en Nicaragua.
El tema de la Superintendencia de Servicios no es una mala idea en sí. Lo que es malo es que pasaría a ser controlada por la Asamblea Nacional, o sea, pasaría a ser un instrumento más de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán. Entonces, en lugar de que Enrique Bolaños nombre a un director de Telcor, INE o INAA, que son los entes reguladores que absorbería, la Asamblea elegiría a un superintendente y a un subsuperintendente de servicios, que obviamente sería el primero liberal y el segundo sandinista.
¿El control de los servicios sería más eficiente? Al menos desde el punto de vista del ciudadano no. Por simple matemática, si ahora un director de INAA no puede controlar el tema del agua, ¿va a poder un superintendente controlar el agua, más la luz, más los teléfonos? Y a esas funciones agréguenle complacer las demandas de los caudillos.
Y el tema de la “modernización de la propiedad”: Catastro, Registro, etc., da todavía más miedo. Si hacen francachelas ahora que las cosas son a mano en los registros, imagínense las barbaridades que harán cuando todo esté automatizado.
Porque mientras haya gente que quiera hacer las cosas mal, la modernización y las leyes sólo les van a facilitar el trabajo.
Hay que comenzar por el principio. Gente honesta, que quiera trabajar y hacer las cosas bien, hay. El problema es que pocos se atreven a entrar a la política. Y sólo los que entran a la política, por muy incapaces que sean, son los únicos que escalan en el servicio público. Yo conozco gente muy capaz, honesta e inteligente que lleva años en ministerios, serían excelentes ministros, porque los conocen al dedillo, pero no llegan porque no se meten a política.
¿Cómo cambiar esa situación? Eso a mí no me lo pregunten. Si fuera capaz de dar con esa respuesta supongo sería uno de esos “superdotados” que ganan un montón de dólares por estar “sacrificándose” como magistrados, diputados o ministros.