Condón

Mario José Borge Castillo Por medio de la presente quiero hacer público reconocimiento a la señora Lucía César por su valiente y bien ponderado artículo publicado en LA PRENSA de 12 de junio, en el que reclama y denuncia a las autoridades, los padres de familia y a la sociedad en general porque han guardado […]

Mario José Borge Castillo

Por medio de la presente quiero hacer público reconocimiento a la señora Lucía César por su valiente y bien ponderado artículo publicado en LA PRENSA de 12 de junio, en el que reclama y denuncia a las autoridades, los padres de familia y a la sociedad en general porque han guardado silencio ante el insólito y vergonzoso acto de repartir públicamente condones a los niños que aún no han llegado siquiera a la adolescencia, como si se tratara de chocolates, confites o de otras golosinas.

Por mi parte me quiero agregar a su justa e indignada protesta, por la pasividad y el yoquepierdismo de todas las iglesias que tienen la osadía de llamarse cristianas, quienes han guardado un silencio absoluto y no han tenido el valor suficiente de condenar este acto inmoral y degradante que ha venido anticipadamente a inquietar y a provocar a los adolescentes conflictos emocionales y de comportamiento sexual antes de tiempo, ya que ellos por su corta edad todavía no tienen la suficiente madurez y experiencia para afrontar problemas de esta índole que deberían conocer a su debido tiempo.

Los padres de familia por ser ellos los primeros y más obligados a proteger a sus hijos menores de anticipadas enseñanzas sobre sexualidad, pues se han quedado callados por negligencia o por no comprender la magnitud del peligro de enseñar estas cosas antes de tiempo, pues el comportamiento sexual tiene su tiempo y oportunidad. Ellos deberán aprender como una necesaria y útil enseñanza para que ellos actúen ya mayores, de acuerdo a su educación y moralidad recibida en el hogar y la escuela como complemento de la misma.

Desgraciadamente estamos ante una grave situación moral en que tanto el Gobierno, las iglesias y la sociedad en general, no están cumpliendo con sus responsabilidades propias y la obligación de frenar estos abusos y la manera de buscar la forma más adecuada para formar y educar a nuestros hijos, dentro de la decencia, las buenas costumbres y ante todo, dentro de la moral cristiana.

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