“Lealtad nicaragüense”

Johana D’Balcázar

Se ha escrito tanto sobre el Presi-dente de Estados Unidos, Ronald Wilson Reagan, unos a favor y otros en contra. Esta nota la escribo honrando la memoria de Reagan, pero también como un tributo a mi padre Hugo Paiz (q.e.p.d.) quien me enseñó la historia de Nicaragua y la política del presidente Reagan, y de mi madre Margot Paiz.

En mi familia unos favorecen el comunismo y otros la democracia. Esta nota va escrita con respeto a ambas partes porque, como me enseñó mi papá, “la familia es la familia y se respeta a pesar de diferencias políticas”. De esta manera hago presente mi cariño a toda mi familia ubicada en Nicaragua, Canadá, Estados Unidos, Costa Rica, etc. Aunque soy nacida en Estados Unidos me siento orgullosa de mis raíces italo-nicaragüenses.

Cuando escuché la noticia de la muerte del presidente Reagan, me encontraba celebrando mi cumpleaños. En ese momento, lo primero que se me vino a la mente fueron las palabras de Reagan, “Señor Gorbachov, derrumbe este muro”. Simultáneamente venía a mi mente la figura de Oliver North durante el juicio Irán-Contra.

Como decía el Editorial de LA PRENSA del 8 de junio: «Los crímenes que se cometieron en uno y otro bando pueden haber prescrito legalmente porque así lo dispusieron los mismos protagonistas, pero la memoria de los hechos no termina ni siquiera con la muerte, porque quedan inscritos en la historia, para siempre».

Mi primer impulso fue: “Tengo que ir a presentar respetos al presidente Reagan por mí, por mi papá, y por tantos nicaragüenses que agradecen a Reagan por su política de contención del comunismo”.

Así como mi padre me enseñó sobre la democracia, también yo hice lo mismo con mi hija Monique. Las dos nos fuimos a dar tributo a Reagan con un corazón patriótico y agradecido. Ese día nos acompañó otro admirador de Reagan, Renato Calderón, un buen amigo mío.

Al llegar al Colegio de Moorpark de donde salían los buses para llevar a los que deseaban despedirse del Presidente, desde lejos, entre las muestras de agradecimiento del pueblo americano, vi con alegría una bandera de Nicaragua con la firma de la familia Icaza.

Me emocioné tanto al verla que me acerqué y en mi corazón le di gracias a Dios por haber puesto a Reagan como Presidente cuando la tierra de mis padres estaba por caer en las redes del comunismo. Junto a la bandera de Nicaragua dejé mi prendedor con la bandera americana.

Los recuerdos de mi niñez vinieron a mi memoria. Me acordé de Managua, la playa de Poneloya, el Lobo Jack, los entrenamientos de natación en el colegio La Salle, las fiestas de Santo Domingo; Granada y ese delicioso vigorón con un vaso bien helado de cacao, la fritanga, en fin tantas memorias.

De pronto, un periodista de Los Angeles Times me preguntó: “¿Por qué vino usted a darle tributo a Reagan”? “Vengo porque lo considero un privilegio, un honor, y un deber moral”. Vine también recordando a mi papá porque admiraba a Reagan quien tuvo la visión de parar el comunismo, logrando sin un disparo la caída de la Unión Soviética, o como él la llamaba, “el imperio del mal”.

Al día siguiente publicó esto en la página A20.

“He visitado tantas veces la Biblioteca Presidencial de Reagan por su historia que incluye los restos del muro de Berlín. Pero ahora venía a dar mis respetos a una de las personas que ha influenciado positivamente mi vida”.

No puedo describir la emoción que sentí al ver el ataúd con el cuerpo de Reagan. Pasé como miles de personas pero con el corazón contrito sintiendo el peso de la historia y recordando las palabras de mi padre. En pocos minutos grabé tantos años de historia. Me paré un momento y oré. Dije: “Presidente Reagan, aquí estamos, Nicaragua nunca se olvidará de usted!”

Los siguientes días vi los diferentes tributos. El día del entierro, al frente del televisor de mi casa me sentí presente como millones de americanos dando mi apoyo a esa gran dama, la señora Nancy Reagan y a su familia. Justamente ese día el periódico norteamericano Los Angeles Daily News había publicado mi carta sobre la muerte de Reagan con el titulo: “Lealtad nicaragüense”.

Qué hermoso fue ver en el sepelio a dos de los protagonistas de la historia durante la Guerra Fría, a Margaret Thatcher, ex primera ministra británica y al mismo Mijaíl Gorbachov.

Gracias a Dios, ahora existe la libertad de expresión en Nicaragua, como el Diario LA PRENSA. Nicaragua, querido papá, está libre del comunismo gracias al reto de Reagan y la Perestroika de Gorbachov. La democracia triunfó en Nicaragua gracias a los nicaragüenses que creyeron en ella.

Ahora, estimados lectores, permítanme terminar este artículo diciendo: “Señor Presidente Reagan, con honor lo saludo y le doy gracias a nombre de mi papá, mi familia, y de tantos nicaragüenses. ¡Viva Nicaragua!”

La autora es analista política en Relaciones Internacionales y reside en Los Angeles, California.
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