El legado de Reagan

Roman, Times, serif»>
El legado de Reagan





Las reacciones encontradas que causó en Nicaragua el fallecimiento del ex Presidente de Estados Unidos, Ronald W. Reagan, demuestran de manera inequívoca que las heridas de la revolución pro comunista y la guerra civil de los años ochenta, siguen abiertas y sangran todavía.

En realidad, como hemos dicho en ocasiones anteriores, a pesar de lo bien intencionada que es la expresión de que hay que olvidar el pasado y mirar sólo hacia delante, no pasa de ser una frase retórica. La verdad es que mientras vivan los protagonistas personales, activos y pasivos, victimarios y víctimas, de aquellos acontecimientos que fueron gloriosos y aciagos según el bando en que cada quien se colocó o luchó, es imposible borrarlos de la memoria individual y colectiva de los nicaragüenses. Los crímenes que se cometieron en uno y otro bando pueden haber prescrito legalmente porque así lo dispusieron los mismos protagonistas, pero la memoria de los hechos no termina ni siquiera con la muerte, porque quedan inscritos en la historia, para siempre.

Ahora, ante la muerte del ex presidente Reagan hay recordar que si no hubiera sido por su visión y por su enérgica política internacional de contención del comunismo, en Nicaragua habría a estas alturas un Estado comunista, los nicaragüenses no tendrían libertades individuales, en el país no habría democracia y la gran mayoría de la población estaría sometida al espionaje de los CDS, a la represión del Mint y la DGSE, y al rígido racionamiento de los productos básicos, mientras la nomenclatura comunista tendría todo, como en Cuba.

Inclusive, LA PRENSA ya no existiría o en el mejor de los casos sería vocero del gobierno comunista, o de los sindicalistas del FSLN, o del Ejército Popular Sandinista (EPS).

Ciertamente, la estrategia de Reagan impidió que el comunismo, enemigo jurado y mortal de la libertad, la democracia y los derechos humanos, se afianzara en Nicaragua y se expandiera a otros países. Él estaba convencido de que el comunismo era inviable como sistema económico y social y que no perduraría para siempre, como creían y querían los líderes de la URSS y los comunistas en todo el mundo. Pero como era un gran estratega, también sabía que ningún régimen despótico cae por sí solo, por muy podrido que esté. Hay que ayudarle a caer.

Por eso, para hacer que la URSS cayera por su propio peso, Reagan la retó a una súper costosa carrera armamentista —la “Guerra de las Galaxias”— que los soviéticos no pudieron resistir y optaron por querer reformar el comunismo mediante la doctrina Gorbachov de Perestroika (reestructuración) y Glasnost (transparencia). Algo imposible de lograr porque el comunismo es inviable y, por lo tanto, irreformable.

Y así como el ex presidente Reagan nunca pensó que a la Unión Soviética era necesario derrotarla militarmente, tampoco creyó que al régimen sandinista pro-comunista de Nicaragua había que derrocarlo por medio de la guerra. De manera que Reagan nunca planeó invadir militarmente a la Nicaragua sandinista, ni siquiera creyó que los contras debían triunfar militarmente. La guerra de Nicaragua fue manejada como un “conflicto de baja o media intensidad”, pues el propósito era obligar a los sandinistas a celebrar elecciones libres, competitivas y supervisadas internacionalmente.

Después que Mijaíl Gorbachov subió al poder en la quebrantada Unión Soviética, en 1985, Reagan acordó con él que el conflicto de Nicaragua debía resolverse de manera pacífica y política. Y el 7 de agosto de 1987, los presidentes de Centroamérica aprobaron los Acuerdos de Esquipulas II, en los que Daniel Ortega se comprometió a jugarse el poder con la oposición, algo que el FSLN siempre había rechazado desde que triunfó la revolución democrática y la desvió hacia el totalitarismo.

Ésa sería la sentencia de muerte del régimen sandinista, que a pesar de las presiones y represiones contra la oposición democrática, fue derrotado por la mayoría de los nicaragüenses en las elecciones que tuvieron lugar el 25 de febrero de 1990.

Y así fue que, a partir del 25 de abril de ese mismo año, comenzó en Nicaragua la transición a la libertad y la democracia gracias a la lucha de todos los nicaragüenses democráticos y a la decisiva ayuda del ex Presidente de Estados Unnidos, Ronald Reagan.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí