Edgard Tijerino M.
De entre los escombros producto de su decepcionante actuación frente al germano Felix Sturm, el siempre “bendecido” Oscar De la Hoya, intenta emerger y proyectarse hacia una pelea terriblemente riesgosa con Bernard Hopkins.
¿Tiene sentido esa imprudencia próxima al suicidio?
Hey, un momento. ¿No era eso mismo lo que se decía de Ray “Sugar” Leonard cuando aceptó encerrarse entre las cuerdas para cambiar metralla con el poderoso mediano de perfil zurdo, Marvin Hagler?
Leonard paralizó el planeta y nos dejó con la boca abierta mientras rascábamos nuestras cabezas, ofreciendo una actuación cumbre, regresando de un largo retiro de casi tres años.
¿Había escapado Leonard aumentado y corregido de la Lámpara de Aladino?, nos preguntamos.
Y es que aquella demostración pareció un acto de magia, capaz de hacer palidecer a Houdini o Cooperfield. Es decir, algo merecedor de unas líneas en Las mil y una noches.
No teníamos la menor idea sobre que tipo de retorno haría Sugar, y considerando que tres años distanciado del ring, es un tiempo muy prolongado, nos volcamos a vaticinar que Hagler lo haría trizas.
Rebotamos contra las murallas de Jericó.
Con De la Hoya y Hopkins es diferente. Tenemos imágenes recientes.
En la más deficiente presentación de su carrera, De la Hoya de 31 años, sufrió mucho recibiendo y desgastándose frente a un Sturm consistente, certero pero sin variantes, excepto, con su cambio para la guardia zurda en los dos últimos asaltos.
Contra un boxeador predecible, de manos ágiles pero corto de piernas, De la Hoya, sin una definición muscular en las 160 libras, no pudo funcionar como se exige, a quien pretende tomar un riesgo tan grande como es retar a Hopkins.
Trinidad, en cambio, era un atleta en plenitud y favorito de los analistas antes de ser destruido por Hopkins en el 2001.
Con sólo tres meses y una semana por delante para el 18 de septiembre, De la Hoya no parece tener la menor posibilidad de sobrevivir.
Un éxito como empresario, sería muy triste para Oscar despedirse con otra actuación decepcionante en medio de una derrota aparatosa.
¿Cuántos millones vale dañar tu reputación y dejar una impresión grotesca, como la de Trinidad hace tres años, que ninguno de nosotros ha podido borrar de su disco duro?
Buscar a Hopkins contra reloj, sin el tiempo suficiente para adaptarte, establecerte y comprobar que podés tomar el riesgo, a diferencia de lo hecho por Leonard antes de cambiar metralla con Hagler en abril de 1987, nos hace ver a De la Hoya “manos arriba”, comprando un boleto para el infierno.
Algo así, como intentar asistir a tu propio entierro.
¿STURM MEJOR?
En su derrota del sábado, el alemán Felix Sturm conectó 234 de 541 golpes, por 188 de 792 de Oscar De la Hoya.
“Todo mundo sabe que gané la pelea, pero le dieron el triunfo porque él es el de renombre”, dijo Sturm.