A menos agua más migración

Douglas Carcache

La migración de nicaragüenses también es consecuencia de la falta de agua. Es común oír que la gente busca otro rumbo por falta de empleo. Es cierto, pero en realidad muchos campesinos deciden irse porque se acabó el agua en su zona.

Es sencillo, cuando se termina el agua se acaba la vida. En la medida que va desapareciendo el agua, en el campo mueren los cultivos y los animales, desaparecen los alimentos y merma la salud.

La semana pasada un informe oficial confirmó que las aguas subterráneas y superficiales del país disminuyen de forma constante, al ritmo con que desaparecen los bosques. Se puede deducir entonces que la migración será igual de persistente, a pesar del Plan Nacional de Desarrollo y uno que otro proyecto social paliativo.

El año pasado escuché de un ministro que una forma de frenar el éxodo de campesinos hacia la ciudad o los países vecinos, era instalando fábricas maquiladoras en algunos poblados para que la gente se concentrara alrededor de éstas y dejara de una vez las zonas rurales marginales.

Es una posibilidad y sólo la veo eficaz si hubiera un empeño nacional por recuperar los recursos naturales, porque las comunidades campesinas, además de empleo asalariado, necesitan productos agrícolas baratos, cultivados en la cercanía, que serían más difíciles de conseguir si el agua se extingue.

El territorio nicaragüense alrededor del Río Negro, un área de más de mil kilómetros cuadrados, sólo tiene cubierto de bosque el 12 por ciento, indica el segundo informe sobre la situación ambiental nacional, divulgado la semana pasada por el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena)

La escasez de agua martiriza a quienes habitan en esa zona del occidente del país y, quizás por eso, municipios como Somotillo tienen una migración alta. Achuapa es otro territorio donde falta el agua y el desplazamiento de gente crece.

Unos seis mil trabajadores, hombres y mujeres, de cuatro municipios del norte de León (Achuapa, El Sauce, El Jicaral y Santa Rosa del Peñón) han emigrado hacia Costa Rica, lo que significa que uno de cada cinco trabajadores de esa zona es migrante, señala un estudio de Ibis, agencia de cooperación de Dinamarca.

“Creo que la zona seca de occidente es el caso más claro, en el que los problemas ambientales pueden estar precipitando la migración”, dijo Abelardo Morales, especialista en temas migratorios que hizo la investigación para Ibis.

El Marena reveló que los territorios que alimentan los ríos Grande de Matagalpa, Escondido, Negro y San Juan son los más afectados por la deforestación, erosión y sobreexplotación de los suelos.

La situación ambiental es tan peligrosa que la cuenca del Lago de Apanás posee sólo el seis por ciento de cobertura forestal, lo cual pone en riesgo su productividad para la generación de energía hidroeléctrica.

Parodiando un eslogan del Día Mundial del Ambiente, celebrado el sábado, podría decir que en Nicaragua ¡Se buscan ríos y lagos! ¿Vivos o muertos?

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí