Jorge Loáisiga Mayorga y Wilder Pérez R.
La emoción y la alegría se convirtieron en dolor y llanto. Una mujer bombera, de aproximadamente 40 años y con un peso de unas 170 libras, no logró controlar el freno del canopy, inaugurado ayer sobre la laguna de Tiscapa, y terminó con las piernas fracturadas y lesiones en la columna vertebral.
Se trata de la subcomandante de la Dirección General de Bomberos, Silvia Lanuza, quien fue trasladada de emergencia al hospital de la Policía Nacional, Carlos Roberto Huembes, en una ambulancia de los Bomberos Voluntarios.
Hasta la hora de cierre de nuestra edición, Lanuza aún se encontraba en observación en la Sala de Ortopedia del hospital antes mencionado.
Lanuza subió al canopy con su arnés, recibió las instrucciones de los guías sobre cómo desplazarse, disminuir la velocidad y frenar con la mano que presiona más fuerte, sin embargo no pudo detenerse al final del recorrido y se pasó llevando al guía que estaba en la parte inferior de la laguna de Tiscapa, Michel Umaña.
“La señora no hizo caso a las medidas de seguridad. Desde que salió (de la parte de arriba) venía descontrolada. Yo intenté detenerla, pero traía mucha velocidad. No tenía las manos en el cable, rebotó en mí y luego en el muro”, relató Umaña a LA PRENSA.
VELOCIDAD SEGÚN PESO
Según explicó Umaña, en el canopy la velocidad que se alcanza al “volar” sobre la Laguna de Tiscapa depende del peso de las personas y el control que se tenga de la misma, presionando con la mano enfundada en un guante que haga más presión sobre el cable. “Esa es la forma de frenar”, dijo.
La funcionaria del Cuerpo de Bomberos cayó en el tramo que cruza transversalmente la laguna, cuya distancia es de 452 metros y es el último de un recorrido de mil 200 metros. No pertenecía al grupo de “expertos” que realizó exhibiciones para los asistentes.
Previo al accidente, el ambiente había sido sobrio, y a pesar de los miedos, predominó la confianza entre quienes querían “experimentar” un vuelo de mil 200 metros, con altura entre los 90 y 15 metros sobre el espejo natural.
Rodrigo Portocarrero, gerente de la empresa “Canopy Tiscapa Sendero de la Laguna”, aseguró antes de la inauguración (3:50 p.m.), que el único peligro era el miedo, destacando las medidas de seguridad, basadas en que cada cable soporta hasta ocho toneladas de peso.
Adam Gaitán, presidente de la Asociación Nicaragüense de Turismo Receptivo, también había destacado las bondades turísticas del lugar, basado en su ubicación. Incluso el alcalde Herty Lewites anunció con entusiasmo que una barcaza reducirá de 940 a diez, el grado de contaminación.
La aventura del canopy cuesta seis dólares para nacionales y diez para extranjeros, sólo se cierra los lunes.