Fanor Avendaño*
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Apología de un candidato
Fanor Avendaño*
Carlos Emilio López Hurtado, actual Procurador Especial de la Niñez y la Adolescencia y candidato a Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos es un servidor público que ha trabajado incansable e indefectiblemente por el derecho a la vida.
Este candidato merece ser el Ombudsman o el Defensor del Pueblo de Nicaragua porque durante muchos años desde la sociedad civil y el Estado se ha dedicado como un apóstol a elaborar y construir proyectos de vida para las niñas, niños, adolescentes, jóvenes, mujeres, sus familias y comunidades de todo el país.
Algunos de los testimonios irrefutables que definen a Carlos Emilio como defensor de la vida son: ha sido redactor, ideólogo, impulsor o promotor de la mayor parte de leyes políticas sociales que existen en favor de la niñez, adolescencia, juventud y familia. Tales como la Política Pública contra la Explotación Sexual de niñas, niños y adolescentes, la Política de Desarrollo Integral de la Juventud, la Ley de Promoción al Desarrollo Integral de la Juventud, entre muchas otras. A propósito que Nicaragua es el único país de América Central que no tiene código de familia, lo he escuchado tantas veces solicitar al Estado la aprobación de un código de esta materia, para fortalecer la vida de los hogares nicaragüenses.
Ha defendido derechos específicos que garantizan la vida de miles de seres humanos, lo he visto promoviendo el derecho a la vacunación para evitar que los niños se mueran, ha creado conciencia sobre el derecho a la nutrición para que los niños no dejen de existir a temprana edad, y ha solicitado vehementemente al Estado y a la sociedad la formulación y aplicación de políticas integrales de salud, para que los niños y sus madres puedan recibir una “atención perinatal, pre natal y post natal”, tal y como lo dice el Código de la Niñez y la Adolescencia, ley que él promocionó en conjunto con instituciones del Estado y la Sociedad Civil.
Ha predicado el Derecho a la vida, a una existencia digna, para todos los niños, para la niñez indígena, de la Costa Atlántica, del Triángulo Minero, de los que viven en las riberas del río Wanki, lo hemos visto navegando por ese río a cienes de kilómetros de la capital, denunciando las deplorables condiciones de vida de estos niños y promoviendo proyectos para que éstos tengan un mejor presente y futuro; lo hemos visto defendiendo a los niños campesinos en las montañas del norte del país para que puedan gozar de políticas de seguridad alimentaria demandando que el Estado y la sociedad aseguran la producción, accesibilidad, distribución y consumo de alimentos para que los niños nazcan y crezcan sanos y fuertes.
Él ha defendido la vida de las niñas violentadas sexualmente, los niños sin escuelas, la calidad de vida de los jóvenes privados de libertad, los derechos de los niños con discapacidad. El inventario no podría terminarse en este artículo, no cabe el espacio para seguir mencionando las palabras y acciones que hacen de Carlos Emilio un hombre ciento por ciento pro vida.
Sobre el caso de Rosita. Defendió el derecho a la vida de Rosita y se limitó única y exclusivamente a solicitar lo que la Constitución Política y las leyes establecen en este tipo de situaciones. Carlos Emilio no ejecutó ninguna acción porque no tiene facultades ejecutivas como Procurador, sólo cumplió su rol de recomendador al Estado y a la sociedad para garantizar el principio de interés superior de la niña, principio reconocido universalmente.
Lo respaldo por ser una persona de gigantesca ética, sin dobles morales, como los que dicen y escriben una cosa y hacen otra. Carlos Emilio siempre ha defendido el derecho a la vida, sabemos que como Procurador de Derechos Humanos seguirá defendiendo este derecho que para los cristianos y juristas es inolvidable.
* El autor es jurista, director del Instituto de Estudios
Humanísticos